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Se quita la camisa y queda solo con su pantalón de mezclilla y se ahorca.

Huimanguillo

Pelea con su esposa se va, regresa… y se ahorca

Un hombre de 54 años pone fin a sus días tras una pelea con su esposa. Tenía tres días de ausente. Su compañera consternada.

HUIMANGUILLO, TABASCO.— Aunque la construcción de la casa no estaba terminada, la jilia­da alrededor del patio mantenía a raya las malas yerbas.

Unos block sin repellar so­bresalían de las paredes como si fueran los huesos de una ballena varada a orillas del mar.

Faltaba colocar las protec­ciones y ventanas, pero los moradores de la casa habían colocado bolsas de nylon negras para cubrir los huecos y evitar los mosquitos.

Arrinconados a la pared des­cansaban unos tubos de PVC que servirían para conectar el des­agüe de la casa con el registro de la calle.

En suma, los ocupantes del inmueble, localizado en la colo­nia Las Brisas del Mezcalapa, se habían propuesto levantar un es­pacio agradable donde vivir.

Ese era el propósito que te­nían don Carmito «N» y su com­pañera, de más de cincuenta años de edad. Ese era el deseo que los unión… sin saber que los hechos terminarían mal.

 

PELEA Y SE VA

Don Carmito ha alcanzado la edad de 54 años, pero no los aparentaba. Parecía de menos edad. Su bigote era completa­mente negro, y el trabajo duro había hecho su cuerpo muy co­rreoso.

Con su pareja había pasado momentos buenos y malos: las fiestas, los cumpleaños, los via­jes para visitar a los parientes, se sucedían sin ningún orden a las discusiones, las enfermedades o la falta de trabajo.

Ninguna situación que ambos no hayan podido aguantar, o eso podría decirse, al menos hasta hace unos días.

No se sabe cómo empezó la discusión con su compañera de vida, sí cuándo: el viernes 16 de octubre. Otras veces habían pe­leado, pero luego se les bajaba el coraje y acababan cenando, sen­tados a la mesa.

Esta vez no hubo tregua, la disputa fue tan álgida que don Carmito salió de la casa furioso y no volvió en toda la noche.

Su compañera se levantó al día siguiente y preparó la comida del día. Guisó la misma cantidad que siempre hacía cuando estaba su compañero. Calculaba que la muina se le pasaría pronto al vie­jo. No fue así.

Don Carmen no volvió por se­gundo día a su casa. Su mujer se levantó muy temprano y guisó, pero esta vez apartó un tiempo para indagar dónde se había me­tido su marido. Por unos familia­res supo que el «Don» se estaba quedando en un domicilio de la colonia Mastelero, con unos co­nocidos.

Al volver a casa, la mujer co­mió sola nuevamente. La situa­ción había llegado muy lejos, pero confiaba en que pronto se arreglaría.

 

SALIDA EN FALSO

Don Carmen se acerca tamba­leante a la casa donde vive con su compañera. No lo ve nadie. Su cuerpo transpira a alcohol.

Rodea la casa hasta la parte de atrás, donde hay una escalera de horcones, la misma que le ha ser­vido para pegar los block.

Busca entre los instrumentos de la obra una lía. Encuentra una, no parece ser muy resistente. Con sus fuertes brazos, el ancia­no la tensa.

Hace un nudo hasta el último peldaño y lo acorta hasta su cue­llo. Antes de ponérselo, se quita la camisa y queda solo con su pan­talón de mezclilla y botas de tra­bajo. No lo piensa más. Se guinda.

Su compañera regresa a casa, pero ignora lo que sucede. Ape­nas oscurece, oye un alboroto en el traspatio. Se asoma a la puerta y escucha que hablan de don Carmen, ella cree que está en la colonia Mastelero hasta que mira el cuerpo de su esposo, ya sin vida.

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