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Director Miguel Cantón Zetina
ALEJANDRA CASTILLO MEDINA

Pasó noches entre muertos por Covid, pero logró sobrevivir

“Junto a mi falleció una señora con los mismos síntomas; el terror de estar cerca de un muerto me impedía dormir”.

CDMX. Alejandra Castillo Medina contó a Grupo Cantón cómo venció al Covid-19, afirma que el 6 de junio empezó con dolores que jamás había sentido en todas las articulaciones y en la medida en que pasaba el tiem­po comenzaba a tener problemas para respirar.

Ella vive con su esposo y una hija que los cuida en la colonia Moctezu­ma segunda sección, de la alcaldía de Venustiano Carranza.

Afirma que eso hace más compli­cada la convalecencia, porque su es­poso casi al mismo tiempo también cayó en las garras del Covid-19 y por lo tanto las condiciones sanitarias son más estrictas para no contagiar a los demás.

 

—¿Cómo empezó con los síntomas del Covid-19?

Todo empezó el 6 de junio, desde mi trabajo empecé a sentir los sínto­mas, como tos seca, diarrea, mucha diarrea, dolor de cabeza y al paso de los días me dolía todo el esqueleto.

Fui al Seguro Social porque es­toy afiliada por medio de mi esposo, pero ahí me dijeron que era sospe­chosa y que regresara una semana después.

Me opuse y le contesté al doctor que con esos síntomas apenas me podía mover por lo que sería impo­sible hacerlo una semana más tarde, ya que lo más probable es que estaría más delicada de mi salud y así fue.

 

—¿Qué pasó después?

En la medida en que pasaban los días mi salud empeoraba, pues las medi­cinas que me recetaron (paraceta­mol) y otras, no me hacían efecto.

Seguía con las dificultades para respirar y continuaba con la tos y diarrea, pero ahora con temperatu­ras por arriba de 38 grados, acompa­ñadas por una gran sudoración.

 

—¿Todo el tiempo enfrentó al Co­vid-19 en su casa?

No, porque cuando la fiebre rebasó los 38 grados, mi esposo se preocupó mucho y fue cuando llamó una am­bulancia para que me trasladaran al hospital del IMSS que me corres­pondía y que trata casos de Covid-19, únicamente.

 

—¿Ya en el hospital, mejoró ?

Creo que emporé, porque estar ahí es muy deprimente. Junto a mi llegó una señora con los mis­mos síntomas, pero lamentable­mente murió, porque se negaba a ser intubada y mientras eso su­cedía su salud fue empeorando y terminó perdiendo la batalla contra el Covid.

Ella murió pasada la una de la madrugada, pero el personal su­bió con las bolsas negras para co­locar su cadáver hasta después de las 7 de la mañana.

Tuve que estar junto a un cadáver; durante la noche la en­fermera me decía que tratara de dormir, pero el terror de estar cerca de un muerto me lo impidió.

Lo único que hice fue rezar toda la noche, para que tuviera eterno descanso la señora y que Dios me ayudara.

Además me aterré, porque las labores de sanitización tardaron mucho, con el peligro de que do­blemente obtuviera el virus y así más rápido me fuera al más allá.

Para mi fue una experiencia muy triste, porque llega el mo­mento que el personal médico lle­ga a perder el sentido humano con los pacientes, olvidándose un poco de brindarles atención inmediata.

Sin embargo es entendible su proceder porque en cualquier momento ellos también se pue­den contagiar.

Imagínate, todos los días atienen a pacientes que los pueden conta­giar; no tienen alternativa, son los primeros que se encuentran en la línea de batalla y saben que deben continuar, porque no tienen otra, y eso no lo reconocemos.

Por eso no les decía nada, pero aprovechaba todo cuando los te­nía cerca.

 

—¿Cómo ve que en plena pande­mia muchos incrédulos organi­zan fiestas?

Que es una irresponsabilidad y fal­ta de sensibilidad, pues si ellos no creen, no deben exponer a los de­más.

No saben ni a lo que se exponen. En las noticias he visto cómo mu­chas personas ni siquiera utilizan cubre bocas, andan como si nada.

Eso aparte de que es muy peli­groso es una irresponsabilidad, por­que el Covid-19 sí existe y prueba de ello es que están llenos los hospitales de pacientes con esa enfermedad.

 

— ¿Antes de que fuera portadora del Covid-19, creía en el virus?

Claro que sí, observé cómo conoci­dos se enfermaron y perdieron la vida en cuestión de días.

Lamentablemente tienen que padecer la enfermedad para creer y la verdad eso no se le desea a nadie, porque estar en el hospital con este tipo de enfermedad es muy terrible, porque estás sola, no puedes ni platicar, ya que lo único que quieres es que no vuel­vas a contagiarte.

 

—¿Sufre alguna enfermedad cró­nica, como diabetes, hiperten­sión, obesidad y otras?

No, afortunadamente no. No bebo ni fumo, al igual que mi esposo, yo creo que eso me ayudó a vencer la enfermedad, porque en mi trabajo he sido testigo cómo varios de mis compañeras y compañeros cayeron en las garras del virus, pero como padecían enfermedades crónicas se complicó su salud y terminaron per­diendo la batalla.