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Nuevos tiempos Presidenciales

Los presidentes de México hasta antes de Andrés Manuel López Obrador gozaban de privilegios que en nada rivalizaban con lo visto en la realeza británica o en jeques petroleros conocidos por el lujo y excentricidades que puede pagar el dinero; todo ello se extendía en mayor o menor medida a los miembros de su familia quienes junto al primer mandatario se sentían y en la práctica lo eran por seis años, dueños del país.

Ese modo principesco de vida contribuyó en buena medida al subdesarrollo de la república, no sólo por la sustracción de recursos del erario para mantenerlos sino por la permisibilidad para que amigos, compadres, hijos, primos, cómplices políticos o empresariales, esposas, etc., hicieran “negocios” traficando con influencias para cobrar entre 200 y 500 por ciento más por todo tipo de obras y servicios a la administración pública.

Ahora que la parafernalia que rodeaba al presidente y su familia ha desaparecido con un enorme ahorro al presupuesto nacional, no se dimensiona el cambio y se ha llegado al ridículo como algunos medios lo llegaron a hacer de atacar el hecho, por ejemplo, de que AMLO viaja en camionetas Suburban y una vez porque lo captaron en fotografía en un restaurante considerado de lujo.

Pero antes de esos episodios aislados que no son la regla sino la excepción, algunos velada otros abiertamente, lo cuestionaban y hasta se mofaban de su sencilla forma de conducirse, desde comer en fondas en sus giras hasta el tipo de zapatos que utiliza o cómo le luce la ropa, es decir, extrañan la presidencia imperial y el vasallaje de los medios hacia lo que fueron Los Pinos, ¡vaya!, como en los periodos de José López Portillo y Enrique Peña sólo por citar dos.

No entienden que México es una República no un reinado; la “casta divina” del periodismo y otros connotados miembros de la elite empresarial, no pueden o no tan fácilmente, recurrir al amiguismo para obtener privilegios que antes se les otorgaban con singular largueza y facilidad, eso NO lo soportan, por eso muchos atacan de manera tan rabiosa como corriente; se les terminaron los privilegios pero no lo aceptan, se acostumbraron a la buena vida y ahora no se la pueden pagar y eso no se lo perdonan, están muy dolidos.

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