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Tabasco

‘Nuestra lengua ya está agonizando’

A sus 80 años don Isidro ya no tiene con quien hablar la lengua de sus ancestros, y pese a su lucha, no pudo salvarla.

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JALPA DE MÉNDEZ.- Don Isidro no tiene con quien hablar. Sus recuerdos, sus vivencias, su experiencia, su cultura, la historia de su pueblo, está encerrada, viven presa en su memoria, porque ya no tiene con quien compartirla, a quien enseñarle.

Él es el último y único hablante de la lengua que heredó de sus ancestros en uno de los pueblos originarios de Tabasco: Ayapa, ubicado en Jalpa de Méndez.

Son las 13:30 horas. Con sus 80 años a cuestas, muy temprano se fue a sembrar una milpa. Descamisado, con su piel curtida por el sol y el trabajo, permanece sentado en un banco a lado de su mujer.

Sus facultades empiezan a traicionarle. Casi no escucha, pero cuando le preguntan sobre el zoque ayapaneco, la lengua que soñó con preservar, su rostro se ilumina, es como si rejuveneciera.

Isidro Velázquez integró el equipo liderado por especialistas lingüistas de la Universidad de Stanford de EU, que a inicios de siglo trabajaron por meses para documentar y crear un diccionario sobre esta lengua indígena.

Para él fue una gran experiencia y recuerda las jornadas para registrar vocablos, expresiones y todo lo relacionado con la lengua ayapaneca. Pero nada sirvió, pues está consciente que cuando muera, morirá con él su lengua.

“Yo ya no tengo con quien hablar, con quién platicar. El día que yo me muera, ya también se acaba mi lengua”, refiere.

Obligado por las circunstancias, como tener que trabajar para sostener a su familia, Isidro abandonó la encomienda de enseñar el ayapaneco porque dejó de haber pago. Junto con Manuel Segovia, fallecido en septiembre de 2021, estuvo dando clases a niños en la biblioteca de su comunidad.

Justo con la muerte de don Manuel, el proyecto de rescate de esta lengua se vino abajo.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Afroamericanos ofreció financiar un proyecto que arrancaría en enero de este año, pero cuando llegó el día en que debieron depositar los fondos, comunicaron que no tenían autorización.

“Nos pidieron esperar porque no contaba con los recursos”, refiere Manuel Segovia Álvarez, hijo de don Manuel, quien también integró el proyecto y que hasta las vacaciones de Semana Santa de este año, ofreció talleres a niños en su domicilio.

“Mi papá y yo estuvimos trabajando 18 años en este proyecto por amor a nuestra cultura, pero después empezaron los problemas, empezaron a decir que nos beneficiábamos con esto, que recibíamos grandes cantidades de recursos, cuando no era así”.

Creyeron que todo iba a cambiar a partir de enero de este año, pero de un día para otro el proyecto de los talleres ya no encontró el respaldo financiero esperado.

Hoy en su domicilio, en el recibidor que por años se usó como salón de clases, permanecen las bancas arrumbadas y una pizarra en blanco. Retratos y fotografías se observan en la pared con imágenes de Manuel trabajando con los lingüistas estadounidenses y en otros espacios académicos, en lo que fue la pasión hasta sus últimos días: evitar que el zoque ayapaneco se convirtiera en lengua muerta.

• Manuel Segovia documentó el trabajo que realizó junto a su padre con el equipo de lingüistas estadounidenses.

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