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Voces

Nuestra identidad I

Somos lo que somos por quienes fueron y lo que hicieron, de palabra y obra.

Personas y obras, conforman nuestra identidad. Cuando se les agravia, se nos ofende de mil formas, muy aparte la novedad.

 

DEMOLER PUEDE SER UN VERBO DE ZAPAPICO Y LENGUA.

Apellidos, nombres y apodos, son astillas de la identidad de todo pueblo. Enumerarlos no basta. Algunos, tan numerosos, que flotan en cielo, tierra y todo lugar. Otros, considerablemente menos pero más reconocidos, y son estos quienes dan los primeros pasos en la mixtura, si, de la identidad. No raro es que, precisamente, por el apellido, quienes escuchan saben de dónde procede una u otra persona.

Cierto: muy pocos de quienes emigran conservan el sentido de pertenencia. No siendo su culpa, la pena es el desarraigo.

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Ser en la ciudad donde vimos la primera luz “un extranjero”, dijera Luis. G. Urbina, es una paradoja: contrario por naturaleza.

Cuando la gente de tu origen deja de conocerte, tú por sentido común dejas de conocerla.

El primer Oncólogo de Tabasco, Dr. Manuel Rodríguez García, cunduadano de origen, averiguaba, me consta, -¡Cómo está el pueblo!, y nada raro fue que visitara a hijos de sus amigos y aún se diera la vuelta por el panteón municipal de cuando en cuando.

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