VIVIR BIEN

Abro las puertas para cenar juntos

El Evangelio nos habla de desierto y ciertamente la vida de muchas per­sonas es un desierto.



Abro las puertas para cenar juntos

(Foto: TH)

08/12/2019 05:05 / Centro, Tabasco

  DEL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS: 11, 1-10
 
EN AQUEL DÍA, BROTARÁ UN RENUEVO DEL TRONCO DE JESÉ, UN VÁSTAGO FLORECERÁ DE SU RAÍZ. SOBRE ÉL SE POSARÁ EL ESPÍRITU DEL SEÑOR, ESPÍRITU DE SABIDURÍA E INTELIGENCIA, ESPÍRITU DE CONSEJO Y FORTALEZA, ESPÍRITU DE PIEDAD Y TEMOR DE DIOS. NO JUZGARÁ POR APARIENCIAS, NI SENTENCIARÁ DE OÍDAS; DEFENDERÁ CON JUSTICIA AL DESAMPARADO Y CON EQUIDAD DARÁ SENTENCIA AL POBRE; HERIRÁ AL VIOLENTO CON EL LÁTIGO DE SU BOCA, CON EL SOPLO DE SUS LABIOS MATARÁ AL IMPÍO. SERÁ LA JUSTICIA SU CEÑIDOR, LA FIDELIDAD APRETARÁ SU CINTURA.

HABITARÁ EL LOBO CON EL CORDERO, LA PANTERA SE ECHARÁ CON EL CABRITO, EL NOVILLO Y EL LEÓN PACERÁN JUNTOS Y UN MUCHACHITO LOS APACENTARÁ LA VACA PASTARÁ CON LA OSA Y SUS CRÍAS VIVIRÁN JUNTAS. EL LEÓN COMERÁ PAJA CON EL BUEY. EL NIÑO JUGARÁ SOBRE EL AGUJERO DE LA VÍBORA; LA CRIATURA METERÁ LA MANO EN EL ESCONDRIJO DE LA SERPIENTE. NO HARÁN DAÑO NI ESTRAGO POR TODO MI MONTE SANTO, PORQUE, ASÍ COMO LAS AGUAS COLMAN EL MAR, ASÍ ESTÁ LLENO EL PAÍS DE LA CIENCIA DEL SEÑOR.

AQUEL DÍA LA RAÍZ DE JESÉ SE ALZARÁ COMO BANDERA DE LOS PUEBLOS, LA BUSCARÁN TODAS LAS NACIONES Y SERÁ GLORIOSA SU MORADA.

PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR.  
 
 

MONSEÑOR GERARDO DE JESÚS ROJAS LÓPEZ
OBISPO DE TABASCO
cancilleria@ diocesista­basco.org.mx

 
El tiempo de Adviento en la Iglesia, es un anuncio, es el grito en el desierto de algo o mejor di­cho de alguien que viene, que ya está en la puerta y que llama, al­guien que se espera con gozo y disponibilidad. Adviento es espe­rar con el corazón latiendo ale­gre, porque el Señor está cerca; se acerca a nosotros sin ruido, en si­lencio como para sorprendernos y ver en nuestras pupilas el destello de alegría por el reencuentro y las lágrimas de emoción y con todo ello sentirnos queridos y amados, por Aquel que nos hizo y que nos amó primero.
 
Adviento no es conmemora­ción de algo pasado, de que Je­sús vino al mundo, ni es la espera bullanguera de una Navidad, llena de luces, regalos, comidas, piñatas, bebidas. Es la espera callada del Señor que está en la puerta y lla­ma: “El que me abra, entraré con El y cenaremos juntos…” nos dice el Señor en el Apocalipsis. ¿Le abri­remos este año al Señor que es­tá llamando a la puerta? San Juan Bautista nos pide en su predica­ción: “conversión”, “volver al Señor Dios”, es un cambio de manera de pen­sar. Cambio de actitud con el Señor, cambio de dirección. Invertir la escala de valores: significa bajar los escalones y que en lo alto aparezca Dios, que es nuestra meta, llegar a El y amar y per­donar al hermano.
 
El Evangelio nos habla de desierto y ciertamente la vida de muchas per­sonas es un desierto. El ir y venir, su­bir o bajar, trabajar y disfrutar o al mo­vimiento que estamos sometidos cada día, hace casi imposible el detenerse para saber y palpar que Dios viene a nuestro encuentro. Y, en este segundo domingo de Adviento, con el profeta Isaías y con San Juan Bautista sentimos que en ese “desierto” “en esa realidad dura” que nos toca vivir, es donde he­mos de construir un camino para el Se­ñor. Desde la mañana hasta la noche, nuestra agenda está tan llena que re­sulta muy difícil hacer un hueco para estar, contemplar y adorar a Dios.

El Adviento a los cristianos, nos va­cía, nos sensibiliza: ¿Qué estás dis­puesto a realizar para que tu vida sea un camino a Dios? Porque hay dos cla­ses de desierto: El que no deja que nazca nada bueno en torno a nosotros y, aquel otro, que posibilita un encuen­tro con nosotros mismos, con la fe, con la esperanza, con Jesús que viene, con esa realidad interior que nos abre y nos conduce a la esperanza. Los ca­minos que conducen a la Navidad no pueden ser aquellos falsos anuncios a la felicidad, que nos invitan a un simple sueño de lotería, bebidas y fiestas sin Jesús. Los caminos que nos conducen a una auténtica Navidad son aquellos que nos hacen vivir y recuperar el sen­tido mas profundo de esos días: Dios sale a nuestro encuentro, ¿Seremos capaces en medio de tanta fiesta, po­sada y ruidos, de acondicionar un ca­mino limpio dentro del alma, que sea sencillo y humilde para que Jesús ven­ga por él?
 
El Adviento, es un enderezar aque­llos caminos que se han quedado en sendas conquistadas por entre la ma­leza y los campos llenos de hierba, en caminos o calzadas marcadas por las dudas, la incredulidad o la pereza, en autopistas donde vamos a tan al­ta velocidad que, ni siquiera, disfruta­mos de tantas cosas que nos da vida. ¡Preparen el camino al Señor! Lo hare­mos, Dios nuestro. Con la seguridad y esperanza que vienes detrás de noso­tros. Con el propósito de que la Navi­dad llegará a su plenitud si te dejamos entrar a nacer en nuestros corazones y en nuestros hogares tan necesitados de tu presencia santificadora, que une, sosiega y bendice.
 
Jesús dijo una vez que, si éramos capaces de adivinar los cambios en el clima, en el tiempo físico, también deberíamos intuir que llegaban otros cambios de gran importancia. La Igle­sia prepara este tiempo de Adviento como camino de encuentro con Jesús y nos recuerda que la conversión no termina nunca. Siempre hemos de es­tar procurando completarla. Juan Bau­tista se dirige a sus contemporáneos y les anuncia que la llegada del Mesías, Señor y Salvador está muy cercana. Les pide reordenar sus vidas, mejorar sus caminos y pedir perdón por sus pecados. Y hoy también nos lo pide a nosotros.
 

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