VIVIR BIEN

Tu misericordia es muy grande

La ternura acogedora de Jesús produce un cambio total en la vida de Zaqueo.



Tu misericordia es muy grande

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03/11/2019 05:05 / Centro, Tabasco

 DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA: 11, 22-12, 2
 
SEÑOR, DELANTE DE TI, EL MUNDO ENTERO ES COMO UN GRANO DE ARENA EN LA BALANZA, COMO GOTA DE ROCÍO MAÑANERO, QUE CAE SOBRE LA TIERRA. TE COMPADECES DE TODOS, Y AUNQUE PUEDES DESTRUIRLO TODO, APARENTAS NO VER LOS PECADOS DE LOS HOMBRES, PARA DARLES OCASIÓN DE ARREPENTIRSE. PORQUE TÚ AMAS TODO CUANTO EXISTE Y NO ABORRECES NADA DE LO QUE HAS HECHO; PUES SI HUBIERAS ABORRECIDO ALGUNA COSA, NO LA HABRÍAS CREADO. ¿Y CÓMO PODRÍAN SEGUIR EXISTIENDO LAS COSAS, SI TÚ NO LO QUISIERAS? ¿CÓMO HABRÍA PODIDO CONSERVARSE ALGO HASTA AHORA, SI TÚ NO LO HUBIERAS LLAMADO A LA EXISTENCIA? TÚ PERDONAS A TODOS, PORQUE TODOS SON TUYOS, SEÑOR, QUE AMAS LA VIDA PORQUE TU ESPÍRITU INMORTAL, ESTÁ EN TODOS LOS SERES. POR ESO A LOS QUE CAEN, LOS VAS CORRIGIENDO POCO A POCO, LOS REPRENDES Y LES TRAES A LA MEMORIA SUS PECADOS, PARA QUE SE ARREPIENTAN DE SUS MALDADES Y CREAN EN TI, SEÑOR.
 
PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR.  
 

MONSEÑOR GERARDO DE JESÚS ROJAS LÓPEZ
OBISPO DE TABASCO
cancilleria@diocesistabasco.org.mx


 
Comencemos orando... “Es preciso que hoy yo me quede en tu casa”, nos dices también a no­sotros Señor Jesucristo. Te aco­gemos con gozo, Señor de la Pa­labra, tú que vienes con el don de la salvación. Ven a visitarnos en nuestro corazón, en nues­tro hogar, en nuestro trabajo, en nuestras comunidades y en nues­tra Diócesis de Tabasco y con­vierte nuestro corazón en uno limpio y generoso como el tuyo y llévanos contigo hasta el corazón de tu Padre. Amén.

En Lc 15 se había dicho que “los publicanos y pecadores se acercaban a él para oírle”. Jesús era criticado por sus adversarios porque “acoge a los pecadores y come con ellos”, y este compor­tamiento obedece a su progra­ma evangelizador: “buscar lo que estaba perdido”. Estos mismos elementos siguiendo de cerca la misma estructura- los encon­tramos en el relato de Zaqueo: hay búsqueda de Jesús, hay críti­ca del comportamiento de Jesús, hay una declaración del sentido de la misión de Jesús.

La historia de Zaqueo nos describe entonces a Jesús Buen Pastor que sabe salvar la vida de la oveja perdida, trayéndola me­diante un proceso que restaura completamente su existencia a la casa donde es miembro: Zaqueo es el “hijo” perdido que vuelve a ca­sa; Jesús sabe acompañar este re­greso. Es interesante notar que en el rescate de la oveja se vive el do­ble proceso de la “búsqueda” y de la “salvación”.

La última afirmación nos remite a Lc 6,24: “¡Ay de ustedes, los ricos! Porque ya han recibido su consue­lo”. Y también a la pregunta sobre si un rico puede ser salvado. La cues­tión que se plantea entonces es si el evangelio tiene capacidad para lle­gar hasta el centro de las estructu­ras de poder, especialmente aquellas corruptas por los intereses económi­cos.

Zaqueo pequeño de estatura, hombre rico, jefe de publicanos, se dedicaba a recaudar los impuestos para los opresores romanos a cambio de quedarse con un tanto por ciento. Hizo su riqueza a base de oprimir a sus vecinos. Zaqueo había consegui­do el respeto de los que vivían con él. Pero sabía que ese respeto era más por temor que por amor. Le te­nían respeto, pero no cariño. No te­nía dignidad, ni amigos, ni vida social. Con todo tenía algo bueno: quería ver a Jesús. Y lo deseaba de corazón.

De repente, Jesús pasa por su vi­da. Porque Jesús es el enviado de Dios y Dios, como dice la primera lec­tura, ama todo lo que es suyo. Y Za­queo es suyo, es hijo de Dios. Dios le quiere mostrar el buen camino, lo que tiene que hacer para triunfar de verdad en la vida. Antes de que Za­queo mirara a Jesús, Zaqueo se sin­tió mirado…Y, como dice San Juan de la Cruz, “el mirar de Dios es amar”. Se sintió amado por Jesús antes de que Zaqueo lo viera. Jesús siempre nos sorprende y nos lleva la delantera. Pero el más sorprendido fue Zaqueo. Cuando nadie le quería ver, Jesús le miró con cariño. No era nada fácil pa­ra él porque, al pasar entre la gente, todos le insultaban y al ser pequeño de estatura, tuvo que subirse a un ár­bol para verlo.

 Jesús, al invitarse a comer a casa de Zaqueo, sabía que se exponía a las críticas de los fariseos que tenían prohibido comer en casa de pecado­res. Perdía su prestigio de profeta, pero se ganaba a una persona. Jesús no le ha dicho nada a Zaqueo sobre su situación: no le ha echado en ca­ra su pecado, no le ha exigido como condición devolver el dinero roba­do. Simplemente le ha llamado por su nombre, se ha dedicado a amarle y darle toda su confianza. Lo demás vendrá solo.

La ternura acogedora de Jesús produce un cambio total en la vida de Zaqueo. La salvación de Zaqueo beneficia a su familia entera. Tam­bién beneficia a la comunidad cuan­do da dinero a los pobres y restituye a quienes ha defraudado. La vida de la comunidad es transformada por la presencia de un publicano en quien pueden confiar. “Y el Hijo del hom­bre ha venido buscar y a salvar lo que se había perdido”. No debemos atre­vernos a declarar a cualquier perso­na sin esperanza. Pongamos en prác­tica el amor, la misericordia, el perdón con todos. Aunque seamos las peores personas, racistas, envidiosos, intere­sados, Cristo busca salvarnos a todos.
 

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