VIVIR BIEN

Viviré de fe señor

Jesús cambia de au­ditorio. Deja de lado a los fari­seos y comienza a hablar con sus discípulos.



Viviré de fe señor

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06/10/2019 05:05 / Centro, Tabasco

DEL LIBRO DEL PROFETA HABACUC: 1, 2-3; 2, 2-4
 
¿HASTA CUÁNDO, SEÑOR, PEDIRÉ AUXILIO, SIN QUE ME ESCUCHES, ¿Y DENUNCIARÉ A GRITOS LA VIOLENCIA QUE REINA, SIN QUE VENGAS A SALVARME? ¿POR QUÉ ME DEJAS VER LA INJUSTICIA Y TE QUEDAS MIRANDO LA OPRESIÓN? ANTE MÍ NO HAY MÁS QUE ASALTOS Y VIOLENCIAS, Y SURGEN REBELIONES Y DESÓRDENES. EL SEÑOR ME RESPONDIÓ Y ME DIJO: "ESCRIBE LA VISIÓN QUE TE HE MANIFESTADO, PONLA CLARA EN TABLILLAS PARA QUE SE PUEDA LEER DE CORRIDO. ES TODAVÍA UNA VISIÓN DE ALGO LEJANO, PERO QUE VIENE CORRIENDO Y NO FALLARÁ; SI SE TARDA, ESPÉRALO, PUES LLEGARÁ SIN FALTA. EL MALVADO SUCUMBIRÁ SIN REMEDIO; EL JUSTO, EN CAMBIO, VIVIRÁ POR SU FE".

PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR.
 

MONSEÑOR GERARDO DE JESÚS ROJAS LÓPEZ
OBISPO DE TABASCO
cancilleria@diocesistabasco.org.mx
 

Seguimos caminando junto con los discípulos en el seguimien­to de Jesús como nos los pre­senta la pedagogía del evange­lio de Lucas rumbo a Jerusalén. La “subida”, que abarca todos los pasajes de 9,51 a 19,48, de di­cho evangelio, va exponiendo con sumo cuidado las lecciones más importantes del discipula­do, de manera que “el discípulo bien formado sea como su Maes­tro”. El evangelio de hoy necesi­ta ser contextualizado. Tenga­mos presentes las siguientes anotaciones previas. Los textos que hemos leído en los últimos domingos han situado el discipu­lado desde la perspectiva de la Buena Nueva del Reino de Dios dentro del complejo mundo de las relaciones.

No son fáciles las relaciones, so­bre todo cuando hay dinero de por medio. Sin embargo, pre­cisamente allí se debe verifi­car la vida nueva del Reino en la manera de ser de los discí­pulos.

Ahora Jesús cambia de au­ditorio. Deja de lado a los fari­seos y comienza a hablar con sus discípulos.

Es característico en San Lucas este cambio frecuen­te de auditorio alternando las multitudes, los adversarios y los discípulos; igualmente la alternancia de individuos y grupos. Una vez que se anun­cia que Jesús se dirige a los discípulos, vemos cómo del tema de las relaciones socia­les (rico-pobre: parábola del rico epulón y el pobre Láza­ro) se pasa enseguida al de las relaciones al interior de la comunidad. El texto seleccio­nado para hoy forma parte de una serie de cuatro enseñan­zas sobre la vida comunitaria, y trata sobre dos temas fun­damentales: El crecimiento en la fe, y la necesidad de la humildad a la hora de cumplir con las responsabilidades. En el contexto inmediato del pa­saje encontramos las dos pri­meras instrucciones.

Ambas tratan de poner en orden situaciones negativas que se presentan al interior de una comunidad: el peligro de los escándalos, es decir, el vol­verse piedra de tropiezo en el camino de otro; y la necesidad de perdonar los pecados de los hermanos. En ambos casos escuchamos dos enseñanzas imperativas de Jesús: “¡Cuí­dense de ustedes mismos!” y el perdón fraterno “siete veces al día... ¡le perdonarás!”.

El referente es un “grano de mostaza”. Este grano ya ha­bía servido para una parábo­la del Reino y parece tratarse de la “sinapsis nigra” (mostaza negra) que crece hasta formar un arbolito que puede alcan­zar incluso unos tres metros, por eso en la parábola es ima­gen de algo extremadamen­te pequeño que se llega a ser grande.

En nuestro caso aquí sirve para ilustrar en más pequeño brote de fe. Como quien dice: “la más mínima fe”. Se acude también aquí a una imagen ve­getal: el “árbol”. Pareciera que Jesús tuviera ante sus ojos los árboles que abundan a la orilla del mar en Palestina, en los al­rededores de Yaffa.

El árbol al que Jesús se re­fiere parece ser diferente del “sicómoro” mencionado en el relato de Zaqueo y tratar­se más bien de una morera (la “morus nigra”). La compa­ración viene al caso además porque es un árbol de raíz pro­funda, lo cual avisa sobre la di­ficultad para trasplantarla.

En la frase de Jesús se des­taca la obediencia de morera ante una orden para arrancar­se y auto-trasplantarse en el mar: “Y les habría obedecido”. Los apóstoles deben tener la certeza del cumplimiento del mandato, tal es el poder de la palabra apostólica.

Evidentemente no es una frase para ser tomada literal­mente como una invitación pa­ra hacer cosas absurdas o co­mo una indicación de poderes mágicos. Jesús se refiere a la habilidad que caracteriza al lí­der de la comunidad y al misio­nero. Éste no es un mago sino un héroe de la fe.

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