VIVIR BIEN

Tu palabra es vida para mí

Ser discípulo de Jesús tiene un precio y hay que asumirlo.



Tu palabra es vida para mí

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08/09/2019 05:06 / Centro, Tabasco

DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA: 9,13-19

¿QUIÉN ES EL HOMBRE QUE PUEDE CONOCER LOS DESIGNIOS DE DIOS? ¿QUIÉN ES EL QUE PUEDE SABER LO QUE EL SEÑOR TIENE DISPUESTO? LOS PENSAMIENTOS DE LOS MORTALES SON INSEGUROS Y SUS RAZONAMIENTOS PUEDEN EQUIVOCARSE, PORQUE UN CUERPO CORRUPTIBLE HACE PESADA EL ALMA Y EL BARRO DE QUE ESTAMOS HECHOS ENTORPECE EL ENTENDIMIENTO.

CON DIFICULTAD CONOCEMOS LO QUE HAY SOBRE LA TIERRA Y A DURAS PENAS ENCONTRAMOS LO QUE ESTÁ A NUESTRO ALCANCE. ¿QUIÉN PODRÁ DESCUBRIR LO QUE HAY EN EL CIELO? ¿QUIÉN CONOCERÁ TUS DESIGNIOS, SI TÚ NO LE DAS LA SABIDURÍA, ENVIANDO TU SANTO ESPÍRITU DESDE LO ALTO?

SÓLO CON ESA SABIDURÍA LOGRARON LOS HOMBRES ENDEREZAR SUS CAMINOS Y CONOCER LO QUE TE AGRADA. SÓLO CON ESA SABIDURÍA SE SALVARON, SEÑOR, LOS QUE TE AGRADARON DESDE EL PRINCIPIO.

PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR



MONSEÑOR GERARDO DE JESÚS ROJAS LÓPEZ
OBISPO DE TABASCO
cancilleria@diocesistabasco.org.mx


El evangelio de hoy nos sorprende con un llamado a la responsabilidad y al radicalismo en el discipulado, ya que ser discípulo de Jesús tiene un precio y hay que asumirlo. En el evangelio de hoy aprendemos que para seguir a Jesús se requiere salir del anonimato y comprometerse en primera persona. En tiempos del ministerio terreno de Jesús, mucha gente le seguía como admiradora suya, quizás atraída por su proyecto. Aquí vemos cómo Jesús expone claramente las condiciones para llamarse "discípulo" suyo: el desapego afectivo, completo e inmediato para darle la prioridad a Jesús; la disponibilidad para la cruz y la renuncia a todo.

Ser discípulo de Jesús comporta decisiones y riesgos que determinan la vida entera de quien hace la opción. Sorprendente, ¿verdad? Pues retrocedamos un poco en este evangelio de Lucas y veamos que esta enseñanza sobre las decisiones y riesgos del discipulado no es del todo nueva. Recordemos, por ejemplo como: Desde el primer día, cuando "lo dejaron todo" para seguir a Jesús, Simón Pedro y sus compañeros ya lo sabían. Igualmente, al comenzar la subida a Jerusalén, este fue el primer mensaje para los nuevos candidatos al discipulado. Y el mismo tema será enfatizado más adelante. Cuando Jesús está a punto de llegar a Jerusalén, después de la historia del joven rico, el tema de la radicalidad por medio de la renuncia reaparece.

Esta es una constante del evangelio. Jesús no anda como un desconocido y la atracción que ejerce sobre la gente es grande. Pero, y como ya lo ha anunciado Lucas desde la introducción del evangelio, hay una seria preocupación por la "solidez" de estos seguidores.

"Y volviéndose les dijo..." (14,25b). Jesús no se dirige solamente al grupo de los Doce, se dirige a todo el que, caminando con él, quiere llegar a ser verdadero discípulo (el término "discípulo", en la obra lucana, es una expresión que abarca a todos los creyentes en Jesús). Estos serán los futuros proclamadores del mensaje de la salvación. No está en juego solamente el presente del discipulado sino también el futuro de la evangelización. Jesús pronuncia con mucha fuerza dos frases que delinean las condiciones para ser su discípulo. Observándolas atentamente vale destacar: que Jesús está en el centro y el discípulo define su identidad con relación a él. Llama la atención la repetición del "mí" y "mío". Que Jesús habla con frases condicionales: "si esto, entonces esto otro". Hay una condición que cumplir para ser discípulo. Que Jesús deja a la persona en libertad para escogerlo. Que Jesús entiende que la opción por él implica un desplazamiento interior y exterior de la persona hacia él: "viene donde mí", "venga en pos de mí". Que Jesús repite la frase "no puede ser discípulo mío", no en el sentido de no ser admitido sino "no ser capaz" de vivir el discipulado como debe ser.

Todos, absolutamente todos los intereses, quedan en segundo lugar cuando uno se compromete con Jesús. Desde lo más profundo se reordena, como en una revolución , los afectos del discípulo; el centro es Jesús: amar a Jesús por encima de todas las cosas; esto implicará puesto que se está haciendo un ejercicio de subordinación, amarlos a todos desde el amor de Jesús. Desde entonces el seguidor de Jesús comprende que su vida ya no es la misma de antes. Tal como le sucedía a los que le consagraban su vida a Dios en el Antiguo Testamento para dedicarse completamente al servicio de la Torá.

Esto indica una apropiación, con esfuerzo y compromiso, de las diversas realidades de la vida tratando de reproducir poniendo cada paso de la vida sobre sus huellas- las actitudes de aquel que nos precedió en la Cruz. De ahí la frase: "y venga en pos de mí". Esto lo tiene que recordar el discípulo cada vez que vaya a hacer algo, en cada instante de la vida. El horizonte de la Cruz le da al discípulo una nueva visión de la vida. Recordando que esta frase sobre el tomar la cruz ya había sido dicha después de la confesión de fe de Pedro, en 9,23 (donde se acentuó: "cada día"), vemos ahora lo que implica el seguimiento de Jesús, digamos, de manera perfecta.

Jesús enseña que un compromiso a medias es peor que un rechazo total. Pero esto no se dice para desanimar, sino todo lo contrario, para dar coraje. De hecho el discípulo tiene con qué invertir, el problema es si está dispuesto a pagar el precio. Si no se quiere ser "discípulo a medias" sino coronar el camino con Jesús, gracias a la "perseverancia en (las) pruebas", entonces hay que parar un poco y reflexionar sobre las implicaciones de la decisión inicial por Jesús, como lo hace el constructor antes de comenzar el edificio o el rey antes de emprender la guerra.

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