VIVIR BIEN

Pocos serán los que logren entrar

La hora de la muerte se escapa a nuestro control. De ahí que haya que estar siempre preparados.



Pocos serán los que logren entrar

(Foto: Especial)

25/08/2019 05:05 / Centro, Tabasco

DEL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS: 66, 18-21

ÉSTO DICE EL SEÑOR: "YO VENDRÉ PARA REUNIR A LAS NACIONES DE TODA LENGUA. VENDRÁN Y VERÁN MI GLORIA. PONDRÉ EN MEDIO DE ELLOS UN SIGNO, Y ENVIARÉ COMO MENSAJEROS A ALGUNOS DE LOS SUPERVIVIENTES HASTA LOS PAÍSES MÁS LEJANOS, Y LAS ISLAS MÁS REMOTAS, QUE NO HAN OÍDO HABLAR DE MÍ NI HAN VISTO MI GLORIA, Y ELLOS DARÁN A CONOCER MI NOMBRE A LAS NACIONES.

ASÍ COMO LOS HIJOS DE ISRAEL TRAEN OFRENDAS AL TEMPLO DEL SEÑOR EN VASIJAS LIMPIAS, ASÍ TAMBIÉN MIS MENSAJEROS TRAERÁN, DE TODOS LOS PAÍSES, COMO OFRENDA AL SEÑOR, A LOS HERMANOS DE USTEDES A CABALLO, EN CARRO, EN LITERAS, EN MULOS Y CAMELLOS, HASTA MI MONTE SANTO DE JERUSALÉN. DE ENTRE ELLOS ESCOGERÉ SACERDOTES Y LEVITAS".

PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR.



MONSEÑOR GERARDO DE JESÚS ROJAS LÓPEZ
OBISPO DE TABASCO
cancilleria@diocesistabasco.org.mx


En cuanto trascurre la subida de Jesús a Jerusalén, Jesús forma a sus discípulos y responde la pregunta planteada por un desconocido. Esta era una de las preguntas más debatidas en la época: ¿Cuántos serán salvados? ¿Muchos o pocos? En este pasaje escucharemos una de las lecciones más bellas de Jesús sobre la mesa abierta del Padre para todos, mesa en la que el Dios del Reino acoge a todos los hombres y mujeres del mundo. Es verdad que es gratuito pero se requiere un compromiso claro, el de las exigencias que plantea el discipulado para poder acceder.

"Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén" (Lucas 13,22). Con esta primera frase del Evangelio de este domingo contemplamos la geografía que recorre un Jesús incansablemente misionero. Con la fuerza del Espíritu, Jesús va sembrando la semilla de la Palabra en cada conglomerado humano para hacer de él un jardín en el que germina la vida en abundancia. Al mismo tiempo, con libertad profética se va aproximando a la ciudad en la que lo aguarda su destino, y ni siquiera las amenazas contra su vida por parte del rey Herodes lo apartan de su camino.

Este esquema bíblico de un "Resto" de salvados de en medio de todo un pueblo pecador "el Resto de Israel no solamente estaba presente en la historia de Israel y en la predicación de los profetas, sino también en la cultura religiosa de los tiempos del Nuevo Testamento, y aún un poco después. El tema se volvió punto de discusión. Por ejemplo, mientras unos decían que "solamente pocos serán salvados" (4 Esdras 8,3), por otro lado un grupo de escribas afirmaba que "Israel entero tendrá parte en el mundo futuro" (Mishná, Sanedrín 10,1) y solamente algunos pecadores particularmente culpables serán excluidos.

En ésto ya hay una lección importante: la preocupación por la salvación debe concretarse en un obrar según la justicia, o sea, configurar la propia vida en la de Jesús. Para explicar ésto, acude a dos imágenes muy dicientes que iluminan lo que es la entrada en Reino de Dios: la puerta estrecha y la puerta cerrada. La primera aparece como una sencilla comparación lograda en una sola frase, la segunda constituye toda una parábola.

La imagen que aparece es la de una casa de considerables proporciones en la cual, después de la puerta principal, sigue una gran sala de banquetes. "Puerta estrecha". Es una figura. No es que la puerta tenga solamente pocos centímetros de ancho. No es que en la puerta del Reino haya obstáculos. No es que haya que dar codazos para entrar a la fuerza en medio de otros que quieren hacerlo al mismo tiempo. Simplemente quiere decir que hay que esforzarse, es decir, que los buenos propósitos no son suficientes, hay que "hacer" cosas concretas para entrar. Ahora bien, con ésto tampoco se quiere decir que una persona se salva solamente con sus propios esfuerzos. Es claro que no: nadie se salva a sí mismo, en última instancia todos somos salvados por Dios. El hecho es que ésta no se logra sin nuestra participación, la pasividad no sirve.

De esta manera se "entra". Con esa misma intensidad un discípulo de Jesús debe canalizar sus mejores energías para vivir en santidad, no deseando otra cosa que alcanzar la comunión con Él superando los obstáculos y distinguiendo lo prioritario de lo secundario. Este esfuerzo espiritual y moral será recalcado más adelante en este Evangelio: "Y todos se esfuerzan con violencia por entrar en él". En la segunda parte de la respuesta -"Muchos pretenderán entrar y no podrán", vemos que de todas maneras Jesús se pronuncia en los mismos términos de la pregunta pero, como ya se dijo, dándole otra orientación. Se le preguntó si eran "pocos" los que alcanzarán la salvación, Jesús dice ahora que "muchos" no lo lograrán.

Manteniendo el presupuesto de que en principio ninguno es excluido, ésta es una manera de decir que mucha gente que no quiera entrar ahora muy probablemente querrá hacerlo más tarde, pero entonces ya no lo logrará. Y ésto es lo que se va a ilustrar a continuación. La enseñanza anterior ahora es completada: debemos esforzarnos, es verdad, pero a tiempo: un día, con nuestra muerte, la puerta se cerrará y ahí se decidirá nuestro destino. Nosotros no disponemos del tiempo de manera indefinida (ver la parábola del "rico insensato", 12,20).

Es en ese momento en que se cierra la puerta y quien desease estar dentro ya debía haber entrado primero. Como se puede ver, es Dios quien cierra la puerta, no nosotros. La hora de la muerte se escapa a nuestro control. De ahí que haya que estar siempre preparados.


 

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