VIVIR BIEN

Deja de sufrir

¿Por qué sufrimos tanto sin necesidad?



Deja de sufrir

(Foto: Especial)

18/08/2019 05:05 / Centro, Tabasco

POR:JARED MULVIHILL
WWW.COALICIONPORELEVANGELIO.ORG


Dios es soberano y bueno, y sin embargo la vida es difcil. Está llena de moretones y quebraduras, pruebas y difcultades, penas, y lágrimas. Sin embargo, en Cristo, nada por lo que pasemos se desperdicia o no tiene valor. El creyente no derrama ninguna lágrima en vano, y no sufre sin propósito. Dios siempre está trabajando en nuestra aflicción. Siempre.

No me atrevo a pretender conocer las profundidades de los propósitos y razones de Dios para afligir a sus hijos. Sin embargo, podemos concluir algunos propósitos en este lado de la redención final. Aquí hay tres razones, inspiradas en el libro de Baxter, por las cuales Dios aflige a sus santos.

1) PARA PREPARARNOS PARA DISFRUTAR PLENAMENTE DEL DESCANSO.

La vida es un vapor (Stg. 4:14). Hoy la tenemos, y más tarde se desvanece. Se acerca el día para cada creyente cuando Dios nos llamará a salir de este mundo empapado de pecado a las delicias deslumbrantes de un paraíso con Él (Sal. 16:11). Pero hasta que lo veamos cara a cara, este descanso eterno se construye sobre la base del sufrimiento y la aflicción terrenal (Hch. 14:22).

2) PARA EVITAR QUE CONFUNDAMOS LA TIERRA CON EL CIELO.

La vida es pasajera (1 Pe. 2:11). Todos somos extranjeros en nuestro camino a casa, pero todavía no estamos en casa (Heb. 13:14). Cuando un viaje terrenal se vuelve cansado y traicionero, un viajero sin lugar a dudas siente la ausencia de su hogar. Las difcultades a menudo avivan el deseo de regresar. Se anhela, se sueña, y se anticipa el momento de la llegada. Como dice Baxter: "El error más peligroso del que son capaces nuestras almas es confundir la criatura con Dios y la tierra con el cielo".

3) PARA ACELERAR NUESTRO PASO HACIA DIOS.

La vida es trabajo (Col. 3:1–2). Cuán cierto es que tenemos la tendencia a volvernos letárgicos en nuestras responsabilidades, llamados, y actividades celestiales. Lo que comenzamos con prisa y celo fácilmente cambia a un lento arrastre y, muchas veces, a un abandono total. Incluso el cristiano, a quien Dios promete cuidarlo como hijo y llevarlo a salvo a Su reino celestial, puede reducir su ritmo de buscar a Dios.

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