VIVIR BIEN

El Jonás que llevas dentro

En fin, podemos poner mil y un argumentos para no obedecer a Dios y creer que estaremos “a salvo”.



El Jonás que llevas dentro

(Internet)

11/08/2019 05:06 / Centro, Tabasco

Por Karla de Fernández
Www.coalicionporelevangelio.org

Nínive era una ciudad pagana, llena de maldad, y cruel. Dios, envía a Jonás para hacerles saber que nada de lo que hacían estaba oculto a sus ojos.Y ¿cuál es la respuesta de Jonás? ¡Huir de Dios! (Sal. 139:7-12).

Él quería irse lo más lejos posible del lugar de donde Dios le había hablado (Jon. 1:3). Y nosotros quizá no nos movamos de ciudad, pero sí tratamos de huir de la instrucción de Dios, quizá haciendo oídos sordos, quizá evitando a toda costa encontrarnos con esas personas a quienes no queremos ir. En fin, podemos poner mil y un argumentos para no obedecer a Dios y creer que estaremos “a salvo”.

Y ¿cuántas veces preferimos las consecuencias de nuestra desobediencia antes de arrepentirnos y en humildad obedecer a Dios? Jonás se enojó por la misericordia que Dios tuvo para con los de Nínive, y nosotros, ¿cómo actuamos?

DIOS USA A QUIÉN ÉL DESEA USAR

En solo 48 versículos Dios nos muestra cómo Él usa lo que desea usar para cumplir con sus propósitos:
• Usó una tormenta para recordarle a Jonás que Él era el Señor de los cielos, y usó esa misma tormenta para que los marineros paganos creyeran en Él (Jon. 1:14-16).
• Usó el gran pez para recordarle a Jonás quién es el que guarda y preserva la vida (Jon.1:17-2:10).
• Usó a Jonás y su predicación para que miles de personas se volvieran del mal camino y pusieran su fe en Dios (Jon.3:5-10).
• Usó una calabacera para mostrarle a Jonás y a nosotras lo fácil que es crear ídolos de cualquier cosa siempre y cuando estemos cómodas (Jon. 4:6-7).

Marineros y miles de personas pusieron su confianza en Dios, y se arrepintieron de sus malos caminos.

Ofrecieron sacrificios al Dios eterno delante de los ojos de Jonás, y él permaneció indiferente. Su corazón seguía duro a pesar de ser él quien experimentó en carne propia la maravillosa gracia y misericordia de Dios (Jon. 2:6-9).

No cerremos nuestro corazón al clamor de la gente, ni seamos apáticos al dolor que provoca el pecado de otros. Recordemos que nosotros tuvimos la gracia de escuchar de Cristo a través de alguien más.

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