VIVIR BIEN

¿Qué si no quiero perdonar?

Nuestra falta de perdón es un menosprecio al perdón de Dios, pídele ayuda para perdonar.



¿Qué si no quiero perdonar?

(Internet)

21/07/2019 05:06 / Centro, Tabasco

Por Alex Díaz

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Perdonar es conceder un favor de manera gratuita y extendida por motivo de las faltas de otros, intencionales o no. Es un compromiso que la parte ofendida ofrece para exonerar de responsabilidad al ofensor, con la meta de tener una reconciliación. Son muchos los escenarios para aplicar este entendimiento del perdón. Por ejemplo, seremos acusados falsamente, una plática será malentendida y seremos lastimados por aquellos a quienes deseábamos ayudar, una mirada nuestra se interpretará como menosprecio, y en ocasiones hasta nuestro silencio será considerado como una ofensa a otros.

La falta de perdón demuestra que Dios no está gobernando mi corazón y que he usurpado Su lugar de honor y gobierno. Hasta que no entienda que no perdonar es pecado, no podré ofrecer a quienes me lastimen el perdón que recibí de Dios. Pero ¿cómo perdonar a otros como Cristo nos perdonó? Cuando Pablo dice: “Como Cristo los perdonó”, está sintetizando en una frase la enorme obra de Dios en Cristo para nuestro favor y para su gloria.

Cuando entendemos el perdón a la luz de la justificación, no nos quedan argumentos para no perdonar. Es decir, si hemos recibido tal perdón y Dios mismo nos ha declarado justos delante de Él y sin condenación, a pesar de nuestra voluntaria ofensa contra Dios, entonces tenemos más que suficiente razón para perdonar a otros.

No pretendo menospreciar los sentimientos o el dolor genuino que se producen cuando nos lastiman o lastimamos a otros, pero si entendemos por la Escritura que la justificación es ser amado por Dios y tratado con gracia a pesar de nuestra agresión contra Dios (Ro. 5:8-10), entonces podemos aspirar a que el distintivo de nuestras relaciones personales sea el perdón por causa de entender la justificación, y que las marcas y heridas por las ofensas de otros pueden ser sanadas por esa misma gracia amorosa que hemos recibido.

En Cristo, la justicia de Dios no es un acto condenatorio que nos persigue, sino un obsequio voluntario de Él. No podemos observar tan grande amor y retener el perdón que hemos recibido. Vendrán a nuestra mente cantidad de razones y argumentos que buscarán callar la voz del Espíritu Santo que nos conduce por las Escrituras a perdonar a otros, pero la Biblia es clara: nuestra falta de perdón es un menosprecio al perdón de Dios y a su misma persona.

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