VIVIR BIEN

Te seguiré a donde quiera que vayas

El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.


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Te seguiré a donde quiera que vayas

(Ilustrativa)

30/06/2019 05:06 / Centro, Tabasco

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: 9, 51-62

CUANDO YA SE ACERCABA EL TIEMPO EN QUE TENÍA QUE SALIR DE ESTE MUNDO, JESÚS TOMÓ LA FIRME DETERMINACIÓN DE EMPRENDER EL VIAJE A JERUSALÉN. ENVIÓ MENSAJEROS POR DELANTE Y ELLOS FUERON A UNA ALDEA DE SAMARIA PARA CONSEGUIRLE ALOJAMIENTO, PERO LOS SAMARITANOS NO QUISIERON RECIBIRLO, PORQUE SUPIERON QUE IBA A JERUSALÉN.

ANTE ESTA NEGATIVA, SUS DISCÍPULOS SANTIAGO Y JUAN LE DIJERON: "SEÑOR, ¿QUIERES QUE HAGAMOS BAJAR FUEGO DEL CIELO PARA QUE ACABE CON ELLOS?". PERO JESÚS SE VOLVIÓ HACIA ELLOS Y LOS REPRENDIÓ. DESPUÉS SE FUERON A OTRA ALDEA.

MIENTRAS IBAN DE CAMINO, ALGUIEN LE DIJO A JESÚS: "TE SEGUIRÉ A DONDEQUIERA QUE VAYAS". JESÚS LE RESPONDIÓ: "LAS ZORRAS TIENEN MADRIGUERAS Y LOS PÁJAROS, NIDOS; PERO EL HIJO DEL HOMBRE NO TIENE EN DÓNDE RECLINAR LA CABEZA".

A OTRO, JESÚS LE DIJO: "SÍGUEME". PERO ÉL LE RESPONDIÓ: "SEÑOR, DÉJAME IR PRIMERO A ENTERRAR A MI PADRE". JESÚS LE REPLICÓ: "DEJA QUE LOS MUERTOS ENTIERREN A SUS MUERTOS. TÚ VE Y ANUNCIA EL REINO DE DIOS".

OTRO LE DIJO: "TE SEGUIRÉ, SEÑOR; PERO DÉJAME PRIMERO DESPEDIRME DE MI FAMILIA". JESÚS LE CONTESTÓ: "EL QUE EMPUÑA EL ARADO Y MIRA HACIA ATRÁS, NO SIRVE PARA EL REINO DE DIOS".
PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.

En el contexto del Evangelio de Lucas, el fragmento que corresponde a este domingo se encuentra al principio de la nueva fase de las actividades de Jesús. Los frecuentes conflictos de mentalidad con el pueblo y con las autoridades religiosas, especialmente con escribas y fariseos, confirmaron a Jesús a lo largo del camino como el Mesías Siervo, previsto por Isaías (Is 50, 4-9; 53,12) y asumido por Él desde el comienzo de su actividad apostólica. 

A partir de esto, Jesús empieza a anunciar su pasión y muerte, y decide subir a Jerusalén. Este cambio de ruta de los acontecimientos produce una crisis en los discípulos. Ellos no entienden y tienen mucho miedo, porque en ellos continúa dominando la mentalidad antigua sobre el Mesías glorioso.

San Lucas describe varios episodios en los que aflora la vieja mentalidad de los discípulos: deseo de ser el más grande (Lc 9,46-48); voluntad de controlar el nombre de Jesús (Lc 9,49-50); reacción violenta de Santiago y de Juan ante el rechazo de los samaritanos de acoger a Jesús. San Lucas indica
también cómo Jesús se esfuerza en hacer entender a sus discípulos la nueva idea de su misión.

El texto de este domingo describe algunos ejemplos de cómo hacía Jesús para formar sus discípulos.
El contexto histórico del Evangelio de San Lucas tiene siempre estos dos aspectos: el contexto del tiempo de Jesús de los años treinta, en Palestina, y el contexto de las comunidades cristianas de los años ochenta, en Grecia, para las que Lucas escribe su Evangelio.

En el tiempo de Jesús en Palestina. Para Jesús no fue cosa fácil formar a sus discípulos y discípulas.

Porque no es por el hecho de que una persona vaya con Jesús o que vive en comunidad, por lo que esta persona es ya santa y perfecta.

La mayor dificultad viene de “la levadura de los fariseos y de Herodes”, o sea, de la ideología dominante de la época, promovida por la religión oficial (fariseos) y por el gobierno (herodianos). Combatir esta levadura hacía parte de la formación que Jesús daba a sus discípulos.

Porque el modo de pensar de los grandes tenía raíces profundas y renacía, siempre de nuevo, en la cabeza de los pequeños, de los discípulos.

El texto que meditamos este domingo nos da una idea de cómo Jesús afrontaba este problema. En tiempo de San Lucas, en las comunidades de Grecia, para San Lucas era importante ayudar a los cristianos a no dejarse llevar por “la levadura” del imperio romano y de la religión pagana. Lo mismo vale para hoy. El “fermento” del sistema neoliberal, divulgado por los medios de comunicación propaga la mentalidad consumista y fomento comercial, contraria a los valores del Evangelio. No es fácil para la persona descubrir que la están engañando: “¿Ésto que tengo en la mano acaso no es falso?” Según el texto de hoy, Jesús decide ir a Jerusalén, mientras se iban cumpliendo los días de su asunción. Esta afirmación indica que San Lucas lee la vida de Jesús a la luz de los profetas. Quiere dejar bien claro a los lectores que Jesús es el Mesías, en el que se cumple lo que los profetas anunciaron.
El modo mismo de hablar aparece en el Evangelio de San Juan: “Sabiendo Jesús que era llegada su hora de pasar de este mundo al Padre...” (Jn 3,1). Jesús, obediente al Padre, “se dirige decididamente a Jerusalén”, y una aldea de Samaria no ofrece hospitalidad al Señor.

La hospitalidad era una de las bases de la vida comunitaria. Difícilmente, dejaba la gente pasar la noche a alguno fuera sin acogerlo (Gén 18,1-5; 19,1-3; Jue 19,15-21). Pero en el tiempo de Jesús la rivalidad entre judíos y samaritanos empujaba a la gente de Samaria a no acoger a los judíos en peregrinación hacia Jerusalén, y ésto obligaba a los judíos a no pasar por Samaria cuando se dirigían a Jerusalén. Preferían caminar por la parte del valle de Jordán. Jesús no está de acuerdo con esta discriminación y pasa por Samaria, por lo que sufre las consecuencias de la discriminación y no recibe hospitalidad.

La reacción violenta de Santiago y Juan ante el rechazo samaritano, inspirado por el ejemplo del profeta Elías, Santiago y Juan quieren que descienda fuego para que extermine a los habitantes de aquella aldea. (2Re 1,10.12; 1Re 18,38). Piensan que por el simple hecho de que están con Jesús todos deben acogerlos. Ellos poseen la vieja mentalidad, la de ser gente privilegiada. Piensan tener a Dios de su parte para defenderlos. Pero la reacción de Jesús ante la violencia de Santiago y Juan es diferente a la de ellos, “Jesús se volvió y los reprendió”. Algunas biblias basándose en manuscritos antiguos, dicen también: “Ustedes no saben de qué espíritu son. El Hijo del hombre no ha venido para acabar o destruir la vida de los hombres, sino para salvarla”.

El hecho de que alguien esté con Jesús, no da derecho a nadie a pensar que es superior a los otros o que los otros deben rendirle honores. El “Espíritu” de Jesús pide lo contrario: perdonar setenta veces siete (Mt 18,22). Jesús escoge el perdonar al ladrón que le rogaba en la cruz. (Lc 23,43). La primera propuesta de seguir a Jesús en la que uno le dice: “Te seguiré adondequiera que vayas”. La respuesta de Jesús es muy clara y sin rodeos. No deja dudas: el discípulo que quiere seguir a Jesús debe imprimir en la mente y en el corazón lo siguiente: Jesús no tiene nada, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza. Las zorras y los pájaros le llevan en esto ventaja, porque por lo menos tienen guaridas y nidos.
La segunda propuesta de seguir a Jesúsen, esta misma palabra les fue dirigida a los primeros discípulos: “¡Sígueme!” (Mc 1,17.20; 2,14).

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