VIVIR BIEN

¿Por qué debía morir Cristo?

El sacrificio perfecto del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y nos reconcilia con el Padre.



¿Por qué debía morir Cristo?

(Internet)

Fue condenado a muerte, y era necesario para que Él tomara el lugar del pecador.

19/04/2019 05:00 / Centro, Tabasco

La mayoría de las religiones del mundo intentan hacerle frente a los problemas del pecado, la culpa, el alejamiento de Dios, diciéndonos lo que tenemos que hacer para ganar el favor de Dios. No tenemos que esforzarnos más como respuesta al fracaso, al pecado y la culpa, sino que la respuesta se halla en la obra expiatoria de Cristo en la cruz.

Un resumen de su amor

Dios nos creó para disfrutar una relación íntima con Él. Nosotros lo desobedecimos. Escogimos seguir nuestro propio camino de manera independiente y rebelarnos contra su Palabra, contra su voluntad y contra sus caminos. La Biblia enseña que «La paga del pecado es muerte», una separación eterna de Dios, quien nos creó para tener una relación íntima y eterna con Él. 

Ahora estamos separados, el acceso a Él se interrumpió. Él es demasiado santo para ver el pecado. Estamos sin comunión, sin relación con Dios (Rom. 6:23). Hay una barrera, una pared. Si sientes que no puedes acercarte a Dios, ¡es porque no puedes! y no puedes porque eres un pecador; eres un rebelde, igual que yo. Pero ese no es el final de la historia, ¡y gracias a Dios!

Su sangre nos reconcilió

Dios nos ama. Él quiere que nos reconciliemos con Él; que tengamos una relación con Él. Pero Su santidad y su justicia demandan la paga del pecado. Él no puede violar su carácter santo. Así que, en la eternidad pasada, incluso antes de que el hombre pecara, (¡entiendan esto!), Dios tenía un plan para restaurarnos para Él, mientras que al mismo tiempo su justa ira contra el pecado fuera satisfecha, ese plan requería el derramamiento de sangre. Hay cuatro palabras importantes que intervienen en el concepto de la expiación: pecado, sacrificio, sustituto y satisfacción.

Una analogía del Antiguo Testamento

En Levítico capítulo 16, vemos que el sumo sacerdote llevaba la sangre del animal sacrificado hacia el lugar santísimo y la rociaba para cubrir el Arca del Pacto, el lugar donde moraba la majestuosa y Santa presencia de Dios. Estos sacrificios no podían limpiar las conciencias culpables. No podían justificar a la gente delante Dios. 

Apuntaban a un sacrificio venidero, un Salvador, un Mesías que salvaría al pueblo de Dios de sus pecados. Era imposible que la sangre de los toros y machos cabríos quitara los pecados. Sólo estaban señalando el tiempo, señalando ese sacrificio perfecto y este era el sacrificio del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús fue ese cordero sin mancha.