VIVIR BIEN

¡Paz en el cielo y en las alturas!

Se abren las puertas del triunfo a Jesús y Jerusalén lo aclama y lo recibe con alegría y esperanza como enviado de Dios


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¡Paz en el cielo y en las alturas!

(Internet)

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

14/04/2019 05:06 / Centro, Tabasco

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: 19, 28-40
• EN AQUEL TIEMPO JESÚS, ACOMPAÑADO DE SUS DISCÍPULOS, IBA CAMINO DE JERUSALÉN, Y AL ACERCARSE A BETFAGÉ Y A BETANIA, JUNTO AL MONTE LLAMADO DE LOS OLIVOS, ENVIÓ A DOS DE SUS DISCÍPULOS, DICIÉNDOLES: "VAYAN AL CASERÍO QUE ESTÁ FRENTE A USTEDES. AL ENTRAR, ENCONTRARÁN ATADO UN BURRITO QUE NADIE HA MONTADO TODAVÍA. DESÁTENLO Y TRÁIGANLO AQUÍ. SI ALGUIEN LES PREGUNTA POR QUÉ LO DESATAN, DÍGANLE: 'EL SEÑOR LO NECESITA' ".

FUERON Y ENCONTRARON TODO COMO EL SEÑOR LES HABÍA DICHO. MIENTRAS DESATABAN EL BURRO, LOS DUEÑOS LES PREGUNTARON: "¿POR QUÉ LO DESAMARRAN?". ELLOS CONTESTARON: "EL SEÑOR LO NECESITA". SE LLEVARON, PUES, EL BURRO, LE ECHARON ENCIMA LOS MANTOS E HICIERON QUE JESÚS MONTARA EN ÉL.

CONFORME IBA AVANZANDO, LA GENTE TAPIZABA EL CAMINO CON SUS MANTOS, Y CUANDO YA ESTABA CERCA LA BAJADA DEL MONTE DE LOS OLIVOS, LA MULTITUD DE DISCÍPULOS, ENTUSIASMADOS, SE PUSIERON A ALABAR A DIOS A GRITOS POR TODOS LOS PRODIGIOS QUE HABÍAN VISTO, DICIENDO: "¡BENDITO EL REY QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR! ¡PAZ EN EL CIELO Y GLORIA EN LAS ALTURAS!". ALGUNOS FARISEOS QUE IBAN ENTRE LA GENTE, LE DIJERON: "MAESTRO, REPRENDE A TUS DISCÍPULOS". ÉL LES REPLICÓ: "LES ASEGURO QUE SI ELLOS SE CALLAN, GRITARÁN LAS PIEDRAS".
PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.

Ramos y palmas, triunfo y aleluyas, hosannas y cantos reciben a Jesús en Jerusalén. Es el comienzo de la Semana Santa, el centro de la fe de los cristianos, y comienza con esperanza y luz y gloria con el reconocimiento de Jesús como Señor, como enviado, como Mesías. 

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Se abren las puertas del triunfo a Jesús y toda Jerusalén lo aclama y lo recibe con alegría y esperanza como enviado de Dios, y si no aclamaran los niños y mayores, las mismas piedras lo harían, y es que ha llegado el momento culminante de la vida de Jesús, del enviado de Dios.

Un enviado, sin embargo, diferente a lo esperado. Por humilde, como el pequeño burrito con el que entra en Jerusalén, no como los grandes corceles de los reyes de los hombres, y por la pequeñez de lo inesperado y lo sencillo. Diferente porque la culminación de su vida no será lo que se espera. La sorpresa y lo inesperado de un Mesías diferente, porque, a fin de cuentas, Dios es siempre diferente e inesperado. Pronto se tuerce todo. El recibimiento de los Ramos es un engañoso recibimiento. El pórtico de alegría y esperanza no durará. Y hoy mismo se nos recuerda. Un profeta no puede morir fuera de Jerusalén, y Jesús es mucho más que un profeta.

El Domingo de Ramos nos abre la puerta a toda la Semana Mayor, y lo hace litúrgicamente con la procesión de los ramos, para trasladarnos a vivir con intensidad y cercanía la semana central de nuestra fe. Las lecturas nos centrarán de lleno en el misterio de la entrega de Jesús para culminar con la narración de la Pasión según San Lucas. El relato de los últimos momentos de la vida terrena de Jesús, desde la cena a la crucifixión, en una rueda de narraciones que se completará en siete días.

Comenzamos así la Semana Santa de lleno en el misterio de la entrega, la muerte y la resurrección del Señor, pero un Señor muy diferente al que Israel esperaba, y quizá un Señor que sigue sorprendiéndonos a nosotros en el día a día.

Todos los años, durante la Semana Santa, la liturgia de la Iglesia nos invita a introducirnos en el misterio de la pasión y la muerte de Jesús. En este Domingo de Ramos leemos el relato de la Pasión de Lucas, como corresponde al año litúrgico. Es una narración que ha venido precedida por la importancia que Jesús comunicó a los suyos de ir a Jerusalén, porque un profeta no puede morir fuera de Jerusalén (Lc 13,33), la ciudad santa donde se decidían todas las cosas importantes de la religión judía. Es necesario que el pueblo cristiano escuche la “proclamación” de la Pasión como lo hacían los primeros cristianos. El texto es lo primero. Si fueran necesarias algunas palabras, aquí ofrecemos ciertas claves de la teología de Lucas sobre la Pasión del “profeta” de Galilea. Pues como profeta fue a la muerte, por su vida y por sus palabras.

El relato de la pasión de San Lucas tiene como fuente el texto más primitivo de Marcos, o quizás también un “primer relato” que ya circulaba desde los primeros años del cristianismo para ser leído y meditado en las celebraciones cristianas. A eso se añaden otras escenas y palabras de Jesús que completan una “pasión” profunda y coherente, en la que si bien los datos históricos están más cuidados que en Marcos y en Mateo, no faltan los puntos teológicos claves. Se pretende explicar, no solamente por qué mataron a Jesús, sino el sentido que el mismo Jesús dio a su propia muerte, como sucede en el relato de la última cena con sus discípulos.

Lucas nos ofrece la tradición litúrgica de las palabras eucarísticas en esa cena, pero además presenta las palabras de Jesús sobre el servicio en las que considera que su muerte “es necesaria” para que el Reino de Dios sea una realidad más real y efectiva. Ni siquiera nos relata la huida de los discípulos, quizá porque quiere preparar el momento de las apariciones del resucitado que tienen lugar en Jerusalén. Por lo mismo, en este relato de Lucas sobre la pasión del Señor, debemos leer algunas escenas especiales con interés, como corresponde al cuidado que ha puesto el evangelista y al sentido catequético que tienen ciertos episodios de la narración. La cena de Jesús es más personal, más testimonial: se pide el servicio, la entrega, como Jesús va a hacer con los suyos. El episodio de Jesús en el huerto de Getsemaní nos ofrece el consuelo que supone para Jesús la presencia misma de Dios, simbolizada por el ángel, con objeto de poner de manifiesto que Dios no lo entrega a la pasión ignominiosa, que son los hombres los que quieren deshacerse de él, a causa de la provocación de su mensaje sobre la misericordia y la gracia de Dios.

Jesús lucha en su agonía como un atleta que debe cruzar la meta y saldrá victorioso. Debemos resaltar, como sucede en la Transfiguración, la oración de Jesús. Había pedido a los suyos que oraran también, desde la oración entra en “agonía”; todo es bien distinto de la escena de la Transfiguración. Es como si desde la oración viviera todo su sufrimiento. 

Pero en realidad, este momento en Lucas no es “gore” (sangre coagulada) como ahora está de moda decir, después de esa película reciente que ha leído la Pasión sin elementos críticos y sin llegar al “alma” y a la teología. En realidad es una escena fuerte, pero armoniosa para los seguidores. Cuando Jesús acaba este momento, siempre en oración, sale fortalecido y dueño de todas las situaciones que han de venir. El “trance” de la pasión lo ha vivido en esta escena extraordinaria.

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