VIVIR BIEN

¿Morían crucificados?

Esta ejecución se realizaba por la sujeción del reo desnudo a una cruz elevada, ya sea por ataduras en las manos y pies.



¿Morían crucificados?

(Internet)

La crucifixión era la peor y más indigna pena capital pública que el mundo conocía.

07/04/2019 05:06 / Centro, Tabasco

Por Josué Bbarrios
COALICIÓN POR EL EVANGELIO

La crucifixión era la peor y más indigna pena capital pública que el mundo conocía. En la época de Cristo, esta ejecución se aplicaba a los peores delincuentes sin ciudadanía romana, y raras veces a ciudadanos romanos. 

Esta ejecución se realizaba por la sujeción del reo desnudo a una cruz elevada, ya sea por ataduras en las manos y pies, o clavos que traspasaban las muñecas y pies. “Para poder respirar y aliviar parte del dolor causado por los clavos de las muñecas, la víctima tendría que poner más peso en el clavo de sus pies y empujar hacia arriba. Luego, para aliviar parte del dolor causado por el clavo de los pies, tendría que poner más peso sobre los clavos en sus muñecas y desplomarse”. Esta tortura lenta era agonizante en extremo hasta la muerte.

Más de un día

Como en el caso de Jesús, con frecuencia el condenado era azotado y luego obligado a llevar su cruz hasta el lugar de la ejecución (Mt. 27:26; Jn. 19:1,17). Allí el condenado podía durar varios días, pero cuando era necesario acelerar la muerte del reo ya colgado, sus piernas eran quebradas como ocurrió con los ladrones crucificados junto a Jesús (Jn. 19:31–33). 

Esto hacía que las piernas no pudiesen soportar el peso del reo y la respiración se dificultase más. Dependiendo de la forma de crucifixión y la salud del reo, las causas precisas de muerte del crucificado podían ser diversas, simultáneas, y dolorosas: asfixia al estar colgado en la posición de cruz, paro cardíaco, pérdida masiva de sangre, deshidratación, y otras más.

El castigo más sangriento

Muchas naciones antiguas practicaban la crucifixión. A veces simplemente se colgaba al reo hasta que muriese. Debido a ésto, los israelitas conocían muy bien lo que era “colgar a alguien de un madero” (Nm. 25:4; Deut. 21:22-23; Jos. 8:29; 2 S. 21:9). 

Las crucifixiones masivas también frecuentaban en la antigüedad. Por ejemplo, el Rey Darío del imperio Persa crucificó en el año 519 A.C a 3,000 oponentes políticos. Más adelante, Ciro amenazó con crucifixión a quien impidiera el retorno de los judíos de Babilonia a Jerusalén, y varias décadas después vemos que Alejandro Magno llegó a crucificar a 2,000 enemigos tirios.