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Dinero a cambio de relaciones íntimas

Testimonios de profesionales del sexo ejemplifican las grandes diferencias que hay entre clientes y clientas.



Dinero a cambio de relaciones íntimas

(Agencia)

30/10/2017 22:02 / Centro, Tabasco

A lo largo de los años se ha intentado por activa y por pasiva, se ha buscado información por todas partes, tratado de hacer entrevistas y han corrido auténticos ríos de tinta al respecto; pero jamás se ha dado con la respuesta acertada. ¿Qué hay en la mente de una prostituta? Todo el mundo intenta imaginar lo duro que debe ser una jornada laboral de ese tipo, pero la mejor manera de averiguarlo es con palabras de alguien que lo vive en sus propias carnes.
 
Ha sido en internet, en un hilo abierto en una popular red de microblogging, donde varias profesionales han encontrado el lugar perfecto para hablar, compartir experiencias, denunciar malas praxis y demás. La red no solo se ha convertido en un lugar más para encontrar a profesionales de este mundillo en portales como Skokka, sino también en un sitio donde expresarse libremente y lejos de cualquiera que las señale o critique.
 
El citado post comenzó como un batiburrillo de opiniones, pero poco a poco su temática mutó hasta centrarse en una incógnita que pocos se han preguntado: las diferencias entre hombres y mujeres al acudir a estos servicios. Damas de compañía de todo el planeta, desde las escorts Santiago hasta las de España o cualquier otro país, poco a poco han revelado sus experiencias y pensamientos sobre el tema.
 
Ellas, consideradas; ellos, toscos
 
Bajo el amparo de un cómodo anonimato que permite hablar sin presiones ni incomodidades, muchas han relatado los encuentros que han tenido con clientes de diferente sexo. Al parecer, ellas son mucho más sensibles que ellos, o al menos por norma general. Según una profesional australiana, que se negó a practicar el oficio con personas de su mismo género hasta que finalmente tuvo que hacerlo, las clientas son amables y consideradas en la cama. Mucho más interesadas por la higiene, comprometidas y, sobre todo, con ganas de hablar. Algo que suele ser poco común y convierte su trabajo en algo más fácil y agradable.
 
Las mujeres que pagan por estos servicios son toda una rareza, pero no escatiman en gastos ni tampoco en interés. Ven la ocasión como algo más que un rato entre sábanas, de hecho muchas solo quieren un masaje y siempre tienen ganas de entablar conversación y compartir unas risas. Tratan a las acompañantes como lo que son, personas, y no como máquinas sexuales, como sí hacen muchos hombres según los testimonios de una escort de lujo.
 
Son la norma general, pero no quita que haya excepciones. Hay casos puntuales de mujeres que derrochaban desprecio por el género femenino, una misoginia que se traducía en intentos de abuso y un claro rechazo por parte de las profesionales. Por supuesto, también hay clientes masculinos que tratan de ser cariñosos y actúan siempre con dulzura. En definitiva, ni todo es blanco ni todo es negro.
  
"La verdad es que a veces los hombres te usan como un objeto. Con ellos siempre tengo la guardia levantada", comenta en el hilo una mujer que se ha retirado tras cinco años en este mundillo. 
 
Esto no significa que ocurra con todos ellos. Los hombres y mujeres que pagan por sexo son personas como cualquier otra que buscan algo que no se pueden permitir en su vida normal por el motivo que sea. Falta de tiempo, de deseo, de compenetración con la pareja, la falta incluso de pareja... Los motivos son casi infinitos, pero el destino sí es algo común.
 
¿Hace mejor o peor persona a alguien acudir a una prostituta?, ¿son los clientes de este tipo de servicios parte de un sector peligroso? No se puede emitir un veredicto, no cuando el ser humano es tan impredecible. Lo que sí parece haber quedado claro es que hay diferencias entre hombres y mujeres a la hora de acudir a estas profesionales. Tendrá sus excepciones, pero las líneas generales han quedado bastante marcadas y todo, por supuesto, gracias a testimonios veraces; nada de presuposiciones ni ideas lejanas o infundadas.