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El erotismo en el arte

Los más grandes pintores reflejan no sólo un cuerpo físico, sino que a través de sus pinturas esbozan el alma.



El erotismo en el arte

(Agencia)

“El beso en la cama”, Henri Toulouse Lautrec (1892).

10/06/2016 05:06 / Centro, Tabasco

El erotismo se expresa en el arte de muchas maneras, libros, pinturas, grabados y esculturas de todos los tiempos, nos muestran la belleza de un mundo real, donde las poses y los cuerpos dicen más que cualquier palabra. 
 
Los más grandes pintores reflejan no sólo un cuerpo físico, sino que a través de sus pinturas esbozan el alma de quienes pintan en el lienzo, y esto es lo que hace que sus pinturas permanezcan en nuestra memoria.
 
Odalisca Morena, Francois Boucher, 1745
En esta obra, Boucher nos muestra un desnudo femenino alegre, pícaro y sin complejos. La luz y los colores claros convierte a la obra en una exuberancia pictórica. Los Goncourt, escritores franceses del Siglo XIX pertenecientes a la corriente naturalista, llamaban al estilo de Boucher vulgaridad elegante.
 
La maja desnuda, Goya, Francisco de Goya, 1800
Un cuadro de desnudo en el que una mujer, recostada sobre un lecho, mira directamente al observador. Es una nueva venus, una venus española que con la misma sensualidad que las anteriores, posa sin vergüenza al pintor. En 1814 el Tribunal de la Inquisición consideró a la pintura obscena, pero se ha convertido, junto a La maja vestida, una de las obras más exquisitas del autor, que retrata fielmente su estilo dieciochesco.
 
El sueño, Gustave Courbet, 1866
Este cuadro fue un encargo del diplomático turco Khalil Bey, en el que Courbet representa una de las primeras escenas lésbicas de la historia. El pintor decide representar a las mujeres como en realidad son, sin una idealización de su cuerpo. Ellas duermen entrelazadas en un sueño profundo. La luz es el elemento central de esta obra, pues hace que los cuerpos resalten y acentúa el erotismo de la composición. Courbet fue uno de los pintores más polémicos por sus desnudos en el arte, como su pieza El origen del mundo, en la que una vagina ocupa todo el cuadro.
 
El beso en la cama, Henri Toulouse Lautrec, 1892
El pintor de burdeles y la vida nocturna parisina, Henri Toulouse Lautrec pintó su serie En la cama para adornar el prostíbulo de la rue d’Ambroise. En esta serie pinta a mujeres lesbianas que tienen consuelo unas con otras en lugar de con quienes están obligadas, los hombres con los que todas las noches deben acostarse.
 
Judith, Gustav Klimt, 1901
Esta obra es considerada la primera del periodo dorado de Gustav Klimt. Pinta a la hermosa Judith, una heroína bíblica que salvó a su pueblo de la opresión del malvado Holofernes, cuya cabeza sostiene con la mano izquierda. En su obra, Klimt la utiliza como metáfora de la peligrosidad de la seducción femenina, capaz de mellar cualquier otra fuerza. Judith es una mujer fatal, seductora pero sin escrúpulos
 
Las señoritas de Avignon, Pablo Picasso, 1907
Es uno de los cuadros más famosos de Picasso, en 1912 André Salmon aseguró que con esta pintura nacieron las vanguardias. En el lienzo se observan las influencias de la pintura africana y las tradiciones prehistóricas que en ese momento fueron reconocidas como “arte primitivo”. En la obra se aprecian cinco mujeres que lucen sus atributos en un prostíbulo para que los clientes o el espectador puedan verlos.
 
El gran masturbador, Salvador Dalí, 1929
El pintor surrealista realizó este cuadro erótico de una manera bastante peculiar. Utilizando elementos que podemos ver en toda su obra como lo blando y lo duro, a través de masas viscozas entrevemos una cabeza recostada que es la imagen del pintor y de la que se desprende el busto de una sensual mujer y la parte baja del cuerpo de un hombre. Ella, muy cerca de sus genitales, parece lista para entregarse a él, que sin ningún atisbo de humanidad, espera de pie.

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