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No temamos al futuro

¿Podemos intervenir en nuestro futuro desde el presente? Aquí la respuesta no es esotérica, no tiene que ver ni con las cartas ni con los astros. Sí podemos intervenir en el futuro, y para lograrlo no nece­sitamos ninguna orientación as­tral o algún conjuro mágico que nos garantice el éxito del maña­na. El Señor nos invita a sembrar en nuestro presente con acciones que se basen en principios susten­tados en la obediencia a su Pala­bra. Sin tener una bola mágica ni un talismán, podemos garantizar que darán buenos frutos en el fu­turo. Dios nos insta a que nos pre­ocupemos por seguirle hoy a Él, quien es el dueño del mañana. El Profeta Isaías al respecto declara: “Yo anuncio el fin desde el princi­pio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré to­do lo que deseo”. Isaías 46:10

Así que el Señor nos ha conce­dido la ley de la siembra y la cose­cha, un principio inamovible que nos convierte en autores de nues­tro futuro sobre la base de nues­tros actos presentes. De allí que la invitación bíblica sea a obedecer hoy los principios de Dios y tam­bién a darnos cuenta de la guía del Señor en medio de nuestras accio­nes. Buscar respuestas para to­mar decisiones en las estrellas, las cartas, o cualquier otra práctica ocultista es irracional. Dios desea hablarnos en forma racional y mo­ral en nuestro día a día con el fin de que podamos vivir una vida razo­nable y no “mágica”; una vida que se va labrando con sacrificio y obe­diencia, y no aquella que recurre al golpe de suerte, o busca que los muertos hagan o digan aquello que solo alguien con vida puede hacer.

El Señor conoce nuestro pasa­do, nos guía en el presente, y va de­lante en el futuro, no dejó ni aun el mañana al azar. El evangelio nos habla de que Él sabía que el futu­ro del ser humano era la condena­ción producto de su separación de Dios. Por lo tanto, previendo el fu­turo, envió a su Hijo como susti­tuto perfecto para ocupar el lugar de los pecadores. Todos los que se acercan a Él en arrepentimiento y fe ya no tendrán temor del futuro porque estarán bajo el cuidado del Alfa y el Omega, el principio y fin de todas las cosas.

¿Le tienes miedo al mañana? No te preocupes. Jesucristo ya estuvo allí, hoy está contigo, y ha prometido estar con nosotros to­dos los días hasta el fin del mundo.

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