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Opinión

No fue homicidio, es feminicidio

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La noche del pasado 5 de junio, María L. Chablé fue asesinada presuntamente por Pedro “N”, exdelegado municipal del poblado Aquiles Serdán de Macuspana, Tabasco, lugar donde ocurrió el crimen.

Desde el primer momento posterior a su muerte, María L. Chablé ha sido revictimizada y discriminada; personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Tabasco tardó más de diez horas en hacer el levantamiento del cuerpo de la víctima, lo que es un trato indigno y ruin, producto de la misoginia institucional.

La larga exposición del cadáver de nuestra compañera propició que se hiciera una profusa divulgación de imágenes que resultan por demás revictimizantes; este hecho convoca a la reflexión respecto a que la “Ley Ingrid”, aprobada en abril del presente año en el Congreso del Estado, además de sancionar a personas servidoras públicas por difundir imágenes sensibles de mujeres víctimas de feminicidio, haga lo propio con particulares y representantes de medios informativos.

El 7 de junio, la FGE informó la captura de Pedro “N” y la clasificación del crimen como “Homicidio Calificado”, lo que es falso e inaudito porque María L. Chablé fue asesinada por ser mujer y por ser lesbiana; entre su asesino y ella había una relación jerarquizada en la que él tenía un rol de superioridad, él abusó de su posición en la comunidad para perpetrar el crimen y el cuerpo de la víctima fue expuesto en forma degradante, por tanto, nuestra compañera fue víctima de feminicidio y es así como su muerte debe ser clasificada, investigada y sancionada.

Diversos medios informativos han emitido discursos revictimizantes y discriminatorios en los que se pondera la orientación sexual de la víctima y se justifica veladamente a su feminicida por la misma causa. Asegurar que el feminicida “no soportó” que su hija se relacionara con María L. exime parcialmente al criminal y criminaliza a la víctima. Son muestras fehacientes de la misoginia y la lesbofobia con la que juzgan y actúan autoridades y medios de comunicación.

María L. ha sido criminalizada e, incluso después de su muerte, discriminada por su orientación sexual, lo que además de confirmar su asesinato como un feminicidio, constituye un agravante del mismo.

Con el de María L. asciende a 11 el número de feminicidios en Tabasco en lo que va del año. La entidad se convierte en un inconmensurable foco rojo para las mujeres.

Desde la Red de Colectivas Feministas Tabasqueñas exigimos, una vez más, la emisión de la ALERTA DE GÉNERO. Por si fueran pocos los argumentos jurídicos para que el gobierno estatal atraiga todos los recursos posibles para enfrentar este embate de violencia machista, están todos los argumentos éticos para hacerlo. La realidad es una y es incuestionable: nos están matando. ¡ALERTA DE GÉNERO YA!

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