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Los elementos fueron detenidos por elementos de la Fiscalía.

Seguridad

No cumplen 18 años y ya son delincuentes

La madrugada del miércoles 30 de diciembre fueron detenidos siete muchachos, entre ellos cuatro menores de edad, por robo a un jardín de niños y una tienda de conveniencia.

BENITO JUÁREZ, Quintana Roo.— Mientras la mitad de la población no dejaba de lamentar la muerte del compositor Armando Manzanero, y la otra mitad no se ponía de acuerdo para enumerar sus diez propósitos de Año Nuevo, deambulaban por la región 201 un cuarteto de compinches sin más ambición que conseguir trago gratis para continuar la fiesta.

No lejos de la avenida Haciendas Cuzama, un trío de malandrines rompía con sus bromas el doble silencio de la avenida Bonampak, impuesto por la hora avanzada y el confinamiento que los vecinos de la región 76 cumplían al pie de la letra.

Ninguno de los dos clanes urbanos se conocía, pero ambos parecían salidos de alguna película sobre bandas callejeras.

Los del cuarteto avanzaban por la manzana 80 lote 3, luciendo sus ropas juveniles: un par de playeras negras — sin dibujos o con estampado de un ángel deprimido—, una hawaiana con tigres a punto de atacar y una sudadera verde fosforescente, nada ideal para lo que se avecina apenas crucen el umbral del Oxxo.

Los del trío no se quedaban atrás en cuanto a pavonear su humana juventud por la manzana 54. Lo cierto es que sus ropas están más gastadas que las del cuarteto, pero caben igual en un toquín de bandas de «rock»: de nuevo un par de playeras oscuras, el color preferido de los adolescentes, una con una calavera como estampa, y otra con un Van Gogh tomándose una selfi; y una relavada camisa color gris con palabras en inglés que el portador desconocía.

Tras voltear atrás y comprobar que no había ni siquiera un fantasma sobre la avenida Haciendas Cuzama, el cuarteto se introdujo a la tienda de la cadena comercial y se plantó frente a la asustada cajera con sendos pares de machetes y cuchillos. No era necesario que dijeran «esto es un asalto» porque era evidentísimo, pero lo repitieron porque lo habían oído decir en las películas de gánsteres.

El trío de la avenida Bonampak no tuvo que recitar la tan conocida frase porque nadie había en el Jardín de Niños Cuzamil al que saltaron con la intención de robar equipo electrónico y cualquier objeto de valor con el que tropezaran.

DELITO GRAVE, BOTÍN PÍRRICO

Miguel, Félix y Josué —de 15, 16 y 18 años respectivamente— cargaron con un modelo atrasado de monitor de PC; tres «switch» o interruptores que encendían los ventiladores de un aula modesta que no llegaba a climas; una chicharra eléctrica o campana que marcaba la hora del recreo y hacía gritar en cada timbrazo el alma de los niños; dos desarmadores y una llave de agua.

El botín era para desalentar a cualquier ladrón experto, pero el trío no estaba aún para ese paso porque primero tenían que huir del lugar.

Por su parte, Braulio, Leonardo, César y Brayán —de 16, 17, 19 y 21 años respectivamente— se embucharon entre las ropas siete botellas de alcohol —marca Vodka Absolut, Bacardí y Capitán Morgan—, y dos cajetillas de cigarros antes de despedirse de la pálida cajera.

Ninguno de los grupos pudo avanzar lejos y salirse con la suya. Una patrulla que pasaba casualmente por el Jardín Cuzamil vio al trío batallar en plena noche con aquellos objetos y fueron detenidos. Afuera del Oxxo, varias patrullas esperaban el cuarteto con las armas apuntándoles, gracias a una llamada anónima hecha al 911.

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