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21 familias indígenas chol y tzeltal, ancianos y niños viven en un terreno sin los servicios básicos porque el ayuntamiento impide regularlo.

Tabasco

‘Nicolás Bravo’, pueblo fantasma de hambre y miseria

21 familias indígenas chol y tzeltal, ancianos y niños viven en un terreno sin los servicios básicos porque el ayuntamiento impide regularlo.

TENOSIQUE.- Un grupo de niños deja de jugar en el suelo y corren por sus cubetas para ayudar a sus mamás a acarrear agua para sus modestas viviendas, construidas con tablones de madera y láminas.

Todos los días es así, unas tres veces caminan unos metros a un arroyo para proveerse del vital líquido. Deben aprovechar la luz del día para realizar sus actividades porque apenas cae el sol, se quedan en la oscurana.

El único rasgo de modernidad son las vías del tren que corren paralelas al centro de población, denominado ranchería “Nicolás Bravo”, localizada sobre la carretera federal Tenosique-Emiliano Zapata y colindante con el poblado Arena de Hidalgo.

SIETE AÑOS SIN REGULARIZAR 

Los jefes de familia luchan desde hace siete años por regularizar los terrenos donde viven, una extensión de 7.5 hectáreas de propiedad federal.

Amador Valenzuela Córdoba, uno de los vecinos del asentamiento irregular, ha luchado por obtener la enajenación de estas tierras ociosas a favor de las 21 familias con el fin de que puedan vivir dignamente y cultivarlas con la seguridad que tiene cualquier propietario.

 

Aquí bebemos agua potable de un arroyo en donde hay un manantial”.

AMADOR VALENZUELA CAMPESINO

 

No hay luz ni tele para ver, ni celulares que los comuniquen con el exterior”.

MARÍA ESTHER SANCHEZ POBLADORA

 

MUNÍCIPE DENEGA LA RESIDENCIA

«Somos más de 40 personas, entre campesinos, personas de la tercera edad y niños que vivimos en terrenos federales. El problema que tenemos es que ya tenemos más de siete años trabajando en nuestros terrenos con la necesidad de servicios básicos, como luz eléctrica, agua potable y escuela para nuestros hijos», explica Valenzuela Córdoba.

«El problema es que para la gestión de estas necesidades necesitamos una carta de residencia que el municipio no nos quiere otorgar. El presidente municipal nos los está denegando».

NIÑOS TRABAJAN A LA PAR

Los niños con sus pies descalzos y pantalones enlodados ayudan a los mayores a juntar la leña que servirá apenas se seque para hervir los frijoles y cocer el maíz o las redondas calabazas que ellos mismos siembran.

No tienen tele para ver ni celulares que los comuniquen con el exterior. Sus ropas remendadas y deslavadas contrastan con la alegría de sus caras frente a las tortillas recién salidas del fogón.

ALEJADOS DE LA TECNOLOGÍA

«De una u otra forma, hemos metido solicitudes, pero las autoridades municipales no nos quieren apoyar con ese documento —cuenta María Ester Sánchez Méndez—. Esos papeles son los que nos pide la Sedatu, y es el único que nos falta hasta el día de hoy», dice la madre de familia mientras sus hijos corren alrededor de ella, ajenos por completo a lo que se habla, que no es otra cosa que su futuro.

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