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septiembre 17, 2021

Columnistas

Necesitamos reconciliarnos

Cuando venimos a este mundo, somos como una hoja en blanco, donde nada está escrito. Vamos creciendo rodea­dos de nuestra familia y, en principio, son ellos quienes escriben en nosotros sus cuidados, sus afectos, su amor, pe­ro también sus palabras y sus gestos que pueden estar manchados de des­precios, rechazos, agresividad, odios, rencores. Vamos aprendiendo a rela­cionarnos con los demás y también a defendernos. Como niños, nos pelea­mos, pero tenemos la facilidad de olvi­dar pronto y no almacenar rencor, de tal forma que casi al momento, nos es­tamos reconciliando.

Pero también vamos almacenando sentimientos negativos cuando hemos vivido experiencias que nos hieren y, lamentablemente, aprendemos tam­bién a guardar odios y rencores, de­seos de venganza, a cortar la relación con los otros, a no perdonar. Existen muchas personas en el mundo que llegan a saturar su corazón con los resentimientos y el odio, de tal mane­ra que así pasan su existencia hasta la muerte y eso les impidió que con­siguieran su principal objetivo de ser felices. En el Evangelio de San Mateo 18, 21-35: “Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Si mi hermano me ofen­de, ¿cuántas veces le tengo que per­donar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contestó: No sólo hasta 7, sino has­ta 70 veces 7”. En el contexto bíbli­co, el número 7 significa perfección, totalidad; entonces la respuesta de Jesús sería: siempre tienes que per­donar. Para Dios, la plenitud humana se consigue por el amor y entonces el odio y el rencor, es un obstáculo para alcanzar esa plenitud, esa felicidad.

Todos tenemos necesidad de la re­conciliación con Dios, con los demás, con nosotros; tenemos urgencia de perdonarnos, de ser misericordiosos en nuestra familia, en la comunidad laboral, a nivel de los Grupos Religio­sos de Fe, pero también hace mucha falta a nivel de los grupos políticos para ser equilibrados, para recono­cer los aciertos de los demás y ayudar a corregir los errores, para no desca­lificar rotundamente a los otros. Re­conciliarnos para buscar y alcanzar el bien de nuestra Patria.

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