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Muerte y vida en poder de la lengua

“En las muchas palabras, la transgresión es inevita­ble, pero el que refrena sus labios es prudente”, Pro­verbios 10:19.

En fin, no se trata de solamente cuidar nuestras palabras, sino principalmente de examinar nuestro corazón, la fuente de las mismas.

Así que nuestras palabras deben ser usadas pa­ra amar y no para destruir. Los cristianos deben ser reconocidos por su amor, primero para con Dios y luego para con otros Marcos 12:28-31. Nuestras pa­labras deben ser usadas para ayudar, sanar, enseñar, edificar y, de mayor importancia, para proclamar a Jesús. Antes de hablar debemos preguntarnos, ¿lo que voy a decir edifica? ¿Pueden estas palabras cau­sar daño? Aun en la instrucción y confrontación, nuestras palabras deben ayudar y no condenar Gá­latas 6:1. Nunca olvides que todos tendremos que rendir cuentas por nuestras palabras Mateo 12:3. Y aunque la lengua es difícil de controlar, no es impo­sible. Procura papá, mamá, hijo o hermano ser sa­bio en el uso de tus palabras, para que la convivencia familiar en medio de esta contingencia sanitaria sea oportunidad de tratarnos bien y crecer en el respeto y la unidad familiar.

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