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Opinión

Movilidad Social en México y en el Sureste

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La movilidad social se refiere a los cambios que experimentan los miembros de una sociedad en su posición socioeconómica. Una sociedad dinámica se logra garantizando la igualdad en condiciones y oportunidades. Para ello, son necesarias herramientas y condiciones básicas como la educación y la salud, con igualdad de competencia en el mercado laboral. De acuerdo con el último Informe de Movilidad Social en México 2019-2021 del CEEY, 49 de cada 100 personas que nacen en los hogares más pobres permanecen en dicha condición y únicamente una cuarta parte logra superar la pobreza. En los últimos 25 años, el porcentaje de personas que viven en condiciones de pobreza no se ha reducido sustancialmente y más del 60% de la desigualdad se transmite de una generación a otra. Esto revela un país con baja movilidad social.

Entre las regiones del país la movilidad es contrastante. En el sur-sureste las cifras son desalentadoras: 65 de cada 100 nacidos en el extremo inferior de la escalera social permanecen ahí durante la edad adulta; además, la posibilidad de ascender es de casi la mitad que en el resto del país. Las diferencias se relacionan con la tasa de desempleo juvenil, oportunidades escolares, la infraestructura en vivienda y, por supuesto, el crecimiento económico. Los estados de la zona noroccidental, junto con la CDMX, tienen un índice de persistencia menor que 27%; es decir, en estas entidades escapar de la pobreza es menos difícil, presentan mayor crecimiento económico, menor hacinamiento, informalidad y empleo juvenil. En contraparte, en el Estado de México y en el sur-sureste, más del 52% de los nacidos en un hogar de bajo nivel socioeconómico cuando son adultos están obligados a permanecer en esa misma condición.

En los últimos tres años Tabasco ha promediado un crecimiento económico del 2.8%. Pero, en la última década ha tenido crecimientos negativos y muy baja contribución al PIB nacional. Además, ocupa los últimos lugares en percepción de la corrupción, en hogares con internet, en mortalidad infantil y faltan condiciones para que más mujeres se incorporen a la fuerza laboral. No solamente no existe una movilidad ascendente, sino que cada vez más tenemos ingresos y niveles socioeconómicos muy alejados del resto del país. Esto supondría cambiar las condiciones y estimular las oportunidades, y pareciera que ha motivado los megaproyectos del sureste. Sin embargo, es necesario impulsar la económica regional con políticas fiscales más atractivas, revertir la caída en la inversión privada y sumar una mayor inversión pública en proyectos de alto valor social como la educación, la salud y la protección social, asegurando una movilidad social más dinámica con mayores ingresos y calidad de vida. Demorar estas acciones nos estancaría nuevamente y las grandes inversiones en el sureste se convertirían en un gasto o impulso temporal, y no en una acertada estrategia para desarrollar la región.

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