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Momento de evaluar resultados (II)

En nuestra pasada entrega decíamos que el valor y la eficacia de las acciones humanas, ya sean individuales o comunitarias, se miden por los resultados.

Por ejemplo, Jesús ha dicho que el árbol bueno se co­noce por sus frutos (Lc 6,43-45), y esta pandemia está poniendo al descubierto los resultados de nuestras es­trategias de salud y también de educación.

En el intento de evaluar y encontrar algunas causas de este comportamiento social, es posible señalar el as­pecto del abandono de nuestra cultura ancestral en la que existían valores comunitarios, cohesión, servicios comunitarios motivados por la pertenencia al grupo y no por el dinero, el sentido sagrado del mundo y todos los valores que se aprendían en la familia, el respeto a los demás, la disciplina para la responsabilidad, la obediencia para el bien personal y de los demás, el respeto a la autoridad y otros elementos de la cultu­ra que educaban a las personas para la vida comu­nitaria. El ser humano se sentía parte responsable de una comunidad.

El otro elemento a señalar es el giro que dio el sistema educativo, se abandonó una educa­ción humanista en la que primero era la per­sona, el civismo, el conocimiento de la historia cultural, literaria, filosófica, pasamos a una educación casi exclusivamente tecnológica, en la que la máquina suple al hombre, el ser hu­mano es educado para saber usar la tecnología, aunque se deshumanice, aunque para él la vida ya no valga nada, en donde el dinero es más im­portante que la persona.

Por eso encontramos seres humanos que son expertos en ciencia y tecnología, pero ya no tienen corazón, el prójimo no les interesa, son mujeres y hombres “enanos”, a quienes, muchas veces, ni si­quiera sus propios padres les interesan. Sin perder lo valioso de los nuevos sistemas, al ver los resulta­dos, necesitamos “operación rescate” de lo que he­mos abandonado.

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