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Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

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Miguel Domínguez, controvertido corregidor de Querétaro

Tipo hábil fue este don Miguel, aunque no participó en ninguna batalla del movimiento armado a favor de la independencia nacional, fue uno de los escasos servidores públicos del virreinato que “apoyó” la conspiración de Querétaro. Se desconoce si su participación se debió al influjo de su esposa Josefa Ortiz, si su comportamiento patriótico era auténtico, o si en contraposición, su participación fue por interés personal, sirviendo de agente doble; por una parte, informando a los conspiradores de los sucesos relevantes acontecidos en el virreinato de la Nueva España y en la capital española; y por otro lado, comunicando a las autoridades superiores del virreinato  las acciones de los infidentes hasta que consideró que los conspiradores estaban dispuestos a pasar de las palabras a la acción.

Para tener algo de luz sobre este personaje, se presentan algunos rasgos de su venturosa vida. Llegó a este mundo en México en el año de 1756, terminada su carrera de abogado la ejerció por algún tiempo y luego se enfocó a la administración pública en la que con dilación fue progresando. De las oficinas inferiores fue promovido al cargo de oficial mayor, en ese puesto tuvo la ocasión de ser tratado por el virrey Félix Berenguer de Marquina y FitzGerald, quien observó su potencial como burócrata, su integridad, dedicación al trabajo y lealtad al virreinato, por lo que le tomó aprecio y lo estimuló nombrándolo en 1802 corregidor de Querétaro.

En su cargo Domínguez al inicio se ganó el aprecio de los queretanos, pero a partir de 1805 su situación cambió al oponerse a la creación de un grupo que pretendía acaparar los bienes piadosos, y comenzó a promover manifiestos contra esa medida. El Virrey Iturrigaray se enteró de la desobediencia y lo retuvo en la Ciudad de México hasta que no tuvo más opción que reinstalarlo por orden de la Corte.

En 1808, al enterarse de la aprensión del rey Fernando VII y del movimiento separatista del Ayuntamiento de la Ciudad de México dirigido por el licenciado Juan Francisco Azcárate y Ledesma; presentó una iniciativa al ayuntamiento de Querétaro que invitaba a sus integrantes a unirse al Ayuntamiento de México, el Ayuntamiento queretano, no era partidario de esa idea; el entonces virrey José de Iturrigaray Aróstegui fue destituido y en su lugar se designó a Pedro de Garibay, Domínguez entonces abandonó su propuesta, Pero ésta quedó expuesta ante la opinión pública y desde luego llegaron a los oídos del nuevo virrey. Entonces quedó contra la espada y la pared, su esposa doña Josefa Ortiz era una de las más fervientes conspiradoras, partidarias de la independencia de la Nueva España y él era el encargado de administrar, impartir justicia y conservar el statu quo en Querétaro; a lo que se sumaba que su casa era uno de los principales centros de reunión de los conspiradores.

Miguel Domínguez, fue un político y abogado.

INICIA HISTORIA ROMÁNTICA

Estas reuniones no eran tan secretas como nos ha hecho creer la historia, eran conocidas por muchos queretanos, a tal punto que como expresa la historiadora Adriana Fernández Rivas de la Chica en su trabajo sobre Allende, en torno de ellas se generó una historia romántica, que tuvo como protagonistas a Ignacio Allende y Josefa Ortiz de Domínguez empezaron a circular una serie de historias que sugerían que entre ellos existió mucho más que una relación de amistad y respeto. Rivas de la Chica, agrega que es difícil confirmar este romance, y “lo que se puede decir es que, al parecer, Allende estuvo en algún momento frecuentando la casa de los Domínguez en Querétaro, pero con el motivo de cortejar a una de las hijas de aquel matrimonio, María Luisa era el nombre de la joven.” Al respecto el estudioso Armando de María y Campos, refiere que Allende comenzó a sentir cierto gusto por la hija de los Domínguez alrededor del año de 1807, en esa época los oficiales del Regimiento de Dragones de la Reina pasaban constantemente de San Miguel a Querétaro. Ignacio Allende, junto con Juan de Aldama y Mariano Abasolo, concurrían a las tertulias que se llevaban a cabo en casa de los Domínguez y en las que ya desde entonces se discutían los últimos sucesos del día. Allende esperaba que María Luisa tuviera la edad suficiente para desposarla.  Sin embargo, la historia no pudo concretarse porque las malas lenguas comenzaron a hablar sobre las constantes visitas de Allende a casa del corregidor cuando él no estaba. La consecuencia fue que don Miguel le pidió a Ignacio que ya no frecuentara la casa como antes.

De hecho, Domínguez hasta donde se sabe, no se oponía a las reuniones realizadas en su casa, pero no estaba de acuerdo con las ideas de Allende. En cambio, lo que si se conoce es que a partir del 10 de septiembre de 1810 la conspiración fue descubierta y nadie pensó en comunicarle el suceso al corregidor. “Se enteró hasta el 13 de septiembre”.

Este hecho genera demasiada perspicacia, veamos por qué. Durante el lapso del 10 al 13 del mes referido, ninguna autoridad virreinal molestó a los Domínguez. “Cuando el corregidor se enteró” se dio a la tarea de aprender a los conspiradores radicados en Querétaro, capturando el 15 de septiembre de 1810 a los hermanos Epigmenio y Emeterio González, pero algo salió mal, por evidencias encontradas, en casa de los González, contra él y doña Josefa fueron detenidos y encarcelados por el alcalde Juan Ochoa, breve tiempo permanecieron prisioneros y luego fueron liberados. Domínguez fue restituido en su cargo por “el comisionado que había llegado a Querétaro a formarle cargos”. Entonces se ocupó de preparar la defensa de la ciudad de Querétaro contra los insurgentes, además de prestar sus servicios como asesor en varios de los juicios realizados a los conspiradores. En cuanto a doña Josefa, de inicio fue sometida a un arresto domiciliario, luego fue trasladada al convento de Santa Clara y El 22 de octubre fue liberada, pero su calvario no acabaría ahí.

LO RECHAZAN LOS QUERETANOS

Domínguez fue mantenido en su cargo hasta 1813, no fue depuesto, sino que en ese año de acuerdo con la Constitución gaditana se derogó ese cargo. Entonces se trasladó a la Ciudad de México para asistir en la defensa de su cónyugue que había sido detenida por segunda ocasión y trasladad a esa ciudad, durante el proceso se le hicieron cargos a Domínguez y se solicitó su encarcelamiento, pero evitó su encierro “gracias a la mediación del interventor de guerra.”

Domínguez nunca fue formalmente procesado, estuvo libre para regresar a su puesto en Querétaro cuando el monarca Fernando VII, ya libre ordenó que los corregimientos se reinstauraran para seguir funcionando de la manera en que lo hacían en 1808. Sin embargo, Domínguez no pudo regresar porque los queretanos lo rechazaron, de lo que sí gozó fue del cobro del sueldo de corregidor de cuatro mil pesos hasta 1820, año en el que perdió su empleo al restablecerse en definitiva la Constitución. “Demasiadas canonjías para un servidor público sospechoso de conspirador”.

En adelante no volvió a ocupar cargo público, sino hasta 1823, cuando con el carácter de suplente formó parte del triunvirato, formado por tres individuos: Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria y tres suplentes; Mariano Michelena, Miguel Domínguez y Vicente Guerrero.   Luego en diciembre de 1824, durante el periodo del primer presidente de la república mexicana, fue designado Primer Magistrado y presidente de la Suprema Corte de Justicia, el nombramiento era a perpetuidad y lo desempeñó hasta que la muerte lo llamó el 21 de abril de 1830.

Si Miguel Domínguez hubiera vivido en nuestro tiempo, es posible que por su habilidad y destreza en la política ocupara un cargo de primer nivel en el gobierno.

 

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