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Mienten como respiran

La oposición hacia el presidente Andres Manuel López Obrador es bienvenida, opinar distinto, mostrar y expresar el desacuerdo con las políticas gubernamentales es indudable e indiscutiblemente legítimo, nadie, menos el primer mandatario, está ni estaría de acuerdo en coartar esa libertad o conculcar ese derecho, AMLO lo ha reiterado en múltiples ocasiones, ha señalado que incluso si sus opositores se exceden NO habrá censura, solo quienes no leen, escuchan o siguen por televisión sus conferencias matutinas (aunque la apatía por informarse no es excusa), tendría la desvergüenza de negar esa postura o denunciar ataques a la libre expresión.

Ahora bien, de ejercer esa libertad a transformarla en insulto vulgar existe un abismo de distancia, pero lo que resulta bastardo, inadmisible y vulgar, es mentir sobre los hechos, tergiversar palabras o peor, asegurar que el presidente o alguno de sus funcionarios dijeron algo que NO dijeron lo cual, a fin de cuentas para efectos informativos, ES MENTIR descaradamente.

En el caso de los grandes medios de comunicación nacionales y sus voceros, la mayoría disfrazados o simulando ser periodistas, analistas o politólogos como Leo Zuckerman o Héctor Aguilar Camín a quienes, junto con otros tantos como Ciro Gómez Leva, Adela Micha, Fernanda Familiar, Maricarmen Cortes, Azucena Uresti, Denise Dresser, Carlos Loret, Víctor Trujillo y JoaquínLópez Doriga, el coraje y el dolor de haber perdido las jugosas cantidades recibidas desde el Carlos Salinas hasta el gobierno de Peña Nieto, les supura por todo el cuerpo.

De tal modo que no solo instruidos por sus jefes sino de mutuo propio, esperando les devuelvan el “chayote”, unos a otros recurren desesperados a la mentira vil y asquerosa pensando que esa presión hará que vuelvan a ser obsequiados con trato privilegiado en forma de concesiones, contratos de publicidad y otras canonjías; pero al no conseguirlo sus mentiras adquieren un grado mayor de descaro y cuando tampoco resultan echan mano del insulto tan frontal como personal mismo que, al no ser respondido como ellos esperan, les genera un escozor imposible de tolerar, se les nota, ya ni disimulan, como reza el refrán popular “el hambre es canija”…pobrecitos.

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