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“Mi nieto es un milagro de Dios; viviré para él”: sobrevivió a la tragedia familiar

Jesús Ovando veló los cuerpos de su esposa y dos hijos en la ranchería Sandial de Nacajuca; pide justicia.

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Había una rutina que Jesús repetía todas las mañanas: el miércoles, como de costumbre, se levantó a las 5:30, ya su esposa Matea estaba levantada preparando el café, con paciencia despertó a sus dos hijos varones para irse temprano al campo a trabajar, se despidió de su nieto de 7 meses que dormía en los brazos de su hija jazmín; después le dio un beso a Matea en la frente y se fue a trabajar. Ese es el último recuerdo que tiene de ellos.

Jesús Ovando de la O, ya no puede repetir su rutina diaria, de tras de él, yacen los féretros de su esposa y el de sus hijos Angel y Jazmín, entre sus manos sostiene solo el recuerdo de ellos en vida, un par de fotografías que fueron colocadas a las cabeza de los ataúdes, depositados en la humilde vivienda del campesino.

IBAN POR ZAPATOS

“Ese día habían salido al pueblo a comprar unos zapatos, mi pequeña Jazmín terminó el bachillerato y se iba a graduar el próximo viernes, pero ya no iba a seguir con sus estudios, se iba a dedicar al cuidado de su hijo de 7 meses, el cual gracias a dios esta con bien luego del accidente, él es un milagro de dios”, narra Jesús con cabeza cabizbaja y la mirada sobre las imágenes de su familia.

Afuera de la casa de madera y guano, cientos de personas, amigos, vecinos, se congregaron para despedir a la familia de Jesús, con lágrimas y lamentos, las personas trataban de seguir el rezo en el tercer misterio, pues las palabras del campesino rompían el alma de quienes atento escuchaban su historia, “se ha quedado solo”, comentan algunos.

EXIGEN JUSTICIA

“Sería medio día, yo estaba en el campo trabajando con mi hijo el menor, Ángel se había quedado porque los iba a llevar al pueblo. Recuerdo que me dijeron, ‘tienes que ser fuerte’, Matea y los chamacos se accidentaron’, yo no lo creía, sigo sin creerlo”, dijo, mientras volvía la mirada a los tres féretros que estaban dentro de su casa.

“Justicia, por el amor de Dios, solo quiero justicia”, exclamó Jesús, pues dijo que era imposible que el responsable hubiera escapado en medio de tanta gente, que la policía no hubiera hecho nada, y que solo espera que el dinero del conductor de aquella camioneta de lujo, no sea el argumento para que la justicia no llegue.

Ciento de personas acudieron al velorio en la ranchería Sandial, Nacajuca.

Fue necesario retirar una pared de la casa para llevar a cabo el velorio.

Los cuerpos fueron velados en la humilde vivienda de madera.

EDUARDO I. RODRÍGUEZ | JOSÉ ANGEL CASTRO
GRUPO CANTÓN

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