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XÓCHILT VALDERRAMA PÉREZ

“Me estaba muriendo, pero escapé de las garras del Covid”

“Durante 10 días la pasé fatal, con una fiebre que no cedía. Además tuve un espantoso dolor de estómago y diarrea”.

CANCÚN.- Xóchilt Valderrama Pérez tiene 57 años, gran parte de su vida lo ha dedicado a ser instructora de fitness para ayu­dar a mejorar el estado físico de las personas, que además incluye zumba y aeróbicos.

Ella es una sobreviviente del Coronavirus; en entrevista con Grupo Cantón señala que sim­plemente escapó de las garras del mortal virus.

 

—¿Cómo detectaste los prime­ros síntomas?

Fue todo muy rápido; un día por la mañana me desperté con un dolor de cabeza intenso y males­tar en todo el cuerpo, como cor­tado.

Eso fue lo primero que empe­cé a notar, después llegó la fiebre alta 38.5 y 38.9 grados.

Ese día lo dejé pasar, pero al despertar a la mañana siguien­te me fui al médico, directo a la unidad del Seguro Social donde atienden a las personas con Co­vid-19.

El malestar era tan grande y tan diferente de lo que te da con una gripa común, que sospeché que tenía el Covid-19.

 

—¿Qué te dijeron los médicos?

Me dijeron que eran síntomas probables, aunque ese día no me hicieron la prueba de detección, sino al siguiente que me sentí peor y llegué muy mal a la con­sulta.

El estudio es algo molesto, pero con los malestares que te­nía ni me importó y era necesario para la confirmación.

Me dieron mis medicamentos antivirales, antibióticos y a pesar de todo eso durante diez días la pasé fatal, donde la fiebre no ce­día con nada.

Además se sumaron otros malestares, como un espantoso dolor de estómago y diarrea; ha­cía líquido todo el tiempo.

Sí me estaba muriendo la ver­dad, pero lo importante es que no llegué a tener insuficiencia respiratoria de gravedad, ni flujo nasal, ni estornudo, pero sí tos seca que era cuando se me iba el aire y por consiguiente dolor de garganta y unos do­lores de espalda como si algo me desgarrara por dentro.

 

—¿Tienes alguna idea del lugar donde te contagiaste?

La verdad no, siempre en mi casa, a los lugares donde iba siempre eran los imprescin­dibles: el supermercado y a mi Unidad de Medicina Fami­liar, a mi cita de control porque soy diabética e hipertensa.

Siempre iba con todos los protocolos de sanidad, con mi cubrebocas y mi gel antibac­terial en la bolsa y usándolo a cada momento, incluso al subir y bajar del autobús; y la verdad tocarse la cara es un gesto casi imposible en el ser humano.

 

—¿El aislamiento cómo fue?

Estaba sola con mi hija, por temor a contagiarla me la pasé encerrada ese tiempo en mi ha­bitación y ella me preparaba la comida; la dejaba en la puerta de mi recámara con respeto al aisla­miento y así yo moribunda comía algo, no todo porque el dolor de huesos y de garganta eran inso­portables.

 

—Pasado el tiempo ¿cuándo te diste cuenta que ibas con mejo­rías?

Después de los 10 días que en la mañana ya no tuve fiebre y la tos empezó a ceder, pues el jarabe que me dieron nunca me funcionó.

Los que sí fueron efectivos fueron mis tés calientes y va­porizaciones con menta y un­güento disuelto en agua y con una toalla gruesa me cubría y me ponía a respirar, así aliviaba mi tos y sentía como se abrían mis pulmones.

A los 18 días de estar con el virus me hicieron la prueba de nuevo y una semana después me llamaron y me dijeron que ya tenía anticuerpos, al mes ya me sentía mejor, aunque no recupe­rada del todo.

 

—¿El grado de preocupación de tu familia?

Pues por mis padecimientos como te dije antes de diabetes e hipertensión era candidata a mo­rirme, pero gracias a Dios tengo un sistema inmune fuerte quizás por los años que llevó haciendo ejercicio, al parecer me salvaron y por lo general como sano.

 

—¿Qué le dices a todas esas personas que no creen en esta enfermedad?

Que se cuiden, que el Covid-19 es algo serio; no quiero ser pesi­mista, pero considero que en algún momento todos se van a enfermar.

Estoy segura que seguí todas las indicaciones de quedarme en casa y los médicos me dijeron que tenía que cuidarme, más por mi condición por ser de un grupo vulnerable, y aún así me contagié.

Cuidarse es importante, la hi­giene y el cubrebocas son funda­mentales.