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ARMANDO PADILLA

“Me enfermé, y todos los directores a mi cargo”

“Cambió mi vida cuando estando yo positivo me informaron que casi todos mis directores del CEAS, ocho de nueve, habían dado positivo, con excepción de una directora”.

Armando Padilla Herrera, director de la Comisión Estatal de Agua y Sa­neamiento (CEAS), es un vencedor del Covid.

Lo más complicado para él, ade­más de padecer los síntomas del dolor de cabeza, pérdida del gusto y olor, fue que ocho de nueve de sus di­rectores se contagiaron y tenía que delegar responsabilidades, y que se cumpliera el abastecimiento de agua en las comunidades, vigilancia de los cárcamos y las plantas de tratamien­to de aguas residuales.

Pudo sobrellevar la enferme­dad, la combatió con medicamen­tos, pero cuando regresó a laborar una vez terminada la cuarentena se enteró que había perdido a varios amigos, entre ellos al director de Construcción, al ingeniero Ramiro Canepa, una persona en la que depo­sitó toda su confianza.

 

—¿Qué se siente ser un paciente covid?

No es un asunto fácil porque en la vida normal, que lleva uno, de repen­te, de la noche a la mañana te avisan que tienes Covid y los que tenemos información de la enfermedad y lo que ha significado, lo primero que haces es preocuparte y te preguntas ¿como me irá a mi?

Lógicamente los síntomas ya los tienes porque al dar positivo empie­za un sentido de preocupación y de urgencia para saber cómo atacar la enfermedad y librarla. Primero tuve calentura, tomé paracetamol, nunca tuve infección estomacal, mal sabor de boca, sí dolor de cabeza y tuve una calentura persistente.

Me tomaba tres pastillas de Pa­racetamol al día y me bajaba la tem­peratura. Pero tuve problemas más intensos, como dolor de cabeza y pérdida del sabor.

Calculo que el 31 de mayo o el primero de junio empecé a sentir los malestares más fuertes.

El primero de junio, el 2 y 3 lo fui tolerando, hasta el día tres decidí ir al Parque Tabasco para hacerme la prueba, que me la realizaron el 4 de junio. Hasta el 7 de junio me dieron el estudio, ya tenía pérdida de sabor, in­fección estomacal y se empezó a des­encadenar el problema inflamatorio.

 

—¿Te hospitalizaron?

No. Pero una vez que di positivo la institución del ISSET nos citó, no sé a cuánta gente; pero tam­bién estaba en la fila de la clínica.

Ya prácticamente el domingo 7 de junio me hicieron una to­mografía, me dieron los resulta­dos y que tenía inflamación pul­monar y empezó la oxigenación.

Si mi proceso inflamatorio hubiese seguido fuerte, tal vez me hubiesen hospitalizado; sin embargo, me diagnosticaron un problema inflamatorio delicado.

El 8, 9 y 10 de junio fueron días malos, pero estaba siendo atacada la infección. Hasta el 12 empecé a tener una mejoría.

Me dieron Cloroquina para desinflamar; me aislé, alejado de mi familia, y me inyectaba en el estómago las medicinas que te­nían que ser subcutáneas.

 

—¿Cómo te cambió la vida el Covid?

Cambió mi vida cuando estan­do yo positivo me informan que todos mis directores del CEAS, ocho de nueve, habían dado positivo, con excepción de una directora. Entonces el tema era delicado institucionalmente.

Un sábado 14 de marzo el go­bernador nos citó en el Palacio de Gobierno para platicarnos sobre el avance de la enferme­dad y la importancia de conti­nuar con los trabaos esenciales.

Desde ese día empecé a tomar mis previsiones. ¿Qué pasaría si el director de Construcción, de Administración, cae enfermo? Entonces se hizo una escalera de responsabilidades que llegó a niveles departamentales.

Y se hizo una cadena de man­do en un consejo de directores y ya había responsables. Ninguna planta potabilizadora paró.

 

—¿Dónde te contagiaste?

Es una institución dinámica. Yo recorro todo el estado. Recorro las plantas, cárcamos, plantas de tra­tamiento de plantas residuales y uno se pierde en saber quién pudo haberlo contagiado. Ya la infección se había manifestado de manera generalizada en el estado.

 

—¿Cómo venciste al Covid?

Hubo un punto, al sentirme mejor salía solo a mi carro y me iba a la planta potabilizadora ‘El Mango’, Cunduacán, a la potabilizadora ‘Cárdenas’, sin hablar con nadie; a Huimanguillo en donde tenemos planta potabilizadora a que estuvie­ran en orden.

Lógicamente, cuando me hicie­ron la segunda prueba donde seguía dando positivo, pensé que estaba ge­nerando los anticuerpos necesarios.

Ya en la tercera vez que me re­sultaron positivo, me sentí bastante mal, deprimido, disminuido sicoló­gicamente y fue un proceso de un día a otro muy fuerte.

Tuve que pararme para decirme con firmeza: esto no me va a derro­tar. Ya es la tercera vez que me dicen que soy positivo.

Hay en mi vida un sentido de ur­gencia. No era posible que ya me sen­tía bien, pero seguía dando positivo. Hasta la última vez que me dieron resultados donde pude librarla.

 

—¿Qué mensaje le daría a los ta­basqueños?

Que tengan mucho cuidado. Que vean los testimonios de personas que han estado adentro, que ha per­dido la vida, no es cosa de juego.

El cubreboca es muy impor­tante usarlo. La sana distancia es importante mantenerla. Y que el dolor que representa la pérdida de familiares o conocidos, como el caso que perdí al director de Construcción, al ingeniero Ramiro Canepa, una gente en la que tenía depositada toda mi confianza por su larga trayectoria de vida, además porque era un hombre que hacía deporte, sin enfermedad degene­rativa, corría con el gobernador, era una persona atlética, cuidaba su alimentación, pero lo perdí, a gente del departamento, a obreros.