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JORGE ALBERTO HERNÁNDEZ CADENA

“Me contagié por un descuido; fui al cajero y no me lavé las manos”

“Me aplicaron plasma de un paciente que tuvo Covid, eso me ayudó a bajar la fiebre de 40 grados a 37”.

Jorge Alberto Hernández Cadena, director del Hospital General de Paraíso, es un vencedor del Covid. No se contagió en el hospital que tiene a su cargo, sino en el lugar que menos esperaba: en un cajero auto­mático o posiblemente en una tien­da autoservicio.

En entrevista con Grupo Can­tón afirma que los primeros sie­te días fueron de incertidumbre. Cuando se hizo la tomografía y los estudios comprobó lo que tenía lo que más temía: Coronavirus.

Su salud empeoró con la fiebre de 40 grados y tuvo que ser hospita­lizado en el ‘Juan Graham Casasús’. De no ser por el plasma convale­ciente que le aplicaron en dos oca­siones, tal vez no podría contar su historia.

 

—¿Qué se siente ser un paciente Covid?

Es totalmente escéptico. Primero, lo que haces, es negar la enferme­dad y piensas que es una gripa co­mún.

Yo empecé con una sensación de pelusa en la garganta. Luego tuve dificultad para hacer actividades.

Por ejemplo, para ir al sanita­rio, me cansaba como si hubiera corrido en un maratón. Mi fre­cuencia cardiaca se elevó y no encontraba explicaciones porque estaba sentado.

Siguió la etapa de la fiebre; la náusea llegó después. Me hice la prueba y resulté positivo.

Llegué a tener 41 grados de fie­bre, los ojos rojos.

Sé que soy médico y siempre tratamos de tomar las cosas con calma, pero cuando enfermas te preocupas como todas las personas que pasan el trago amargo del Co­ronavirus.

Más cuando sientes que te fal­ta la respiración y que la vida se te puede escapar.

 

—¿Te hospitalizaron?

Cuando ya tenía dificultad para res­pirar y la prueba positiva, dije que por sí sola la enfermedad no se iba a quitar. Fui al hospital ‘Juan Gra­ham’, me hicieron la tomografía y tuve neumonía.

Me dijeron que estaba a punto de soltarse el proceso inflamatorio. Estuve otros sie­te días en el hospital. Me de-

saturaba, que era la faltad de oxígeno.

Quienes somos médicos damos lo mejor de nosotros para la atención de los pacien­tes, pero ahora como paciente, reafirmo que todos los médi­cos, enfermeros, camilleros, todo el equipo que interviene para que las personas puedan superar el Coronavirus, hacen un trabajo excepcional. Mi re­conocimiento para ellos.

 

—¿Cómo fue la atención del personal?

Hacen esfuerzos maratónicos, porque éramos seis pacientes los que estábamos en un mó­dulo. Había dos intubados y los médicos pasaban rápido a cada cama, para ver la evolución.

Conmigo también llegaban a cada rato porque tenía fiebre de 41 grados.

Me ponían paños con agua en la cabeza, me daban agua para tomar. Aunque se quedaban más tiempo con los pacientes que te­nía ventilador.

 

—¿Dónde te contagiaste?

Primero fui al cajero automático, luego hice la despensa a una tien­da de autoservicio.

Me acuerdo que desde ese día, después que bajé todo, se me olvi­dó lavarme las manos, me confié, y a partir de ese momento empecé con los síntomas.

Posiblemente haya sido ahí. La primera que se contagió fue mi esposa Miriam, pero ella ya había superado la enfermedad.

En mi caso fue en el mes de junio. Desde ese momento me quedé solo en casa y mi esposa me atendía guardando las medidas necesarias.

 

 

—¿Cómo venciste al Covid?

Antes de enfermarme me previne tomando calcio, zinc, ácido ascór­bico, para tener defensas, pero me dio la enfermedad y me dieron los medicamentos conforme a los síntomas.

Me aplicaron plasma de un paciente que tuvo Covid, eso me ayudó a bajar la fiebre de 40 gra­dos a 37.

También tomé antibióticos, medicamentos para bajar la pre­sión arterial, porque se me subió bastante.

 

—¿Qué mensaje le das a los ta­basqueños?

Eviten automedicarse o hacer caso a lo que dicen en Facebook: que tomate esto, que tomate lo otro, porque si tomas un mundo de medicamentos, lo que harás es bloquear el sistema inmune y el virus se expande más rápido. No se automediquen.

También que se queden en casa, es importante. Y que en casa traten de cumplir con las medidas de higiene.

Que no se toquen la cara cuando bajan del transporte público, o van de compra. Que si tiene la necesidad de salir, lle­ven cubreboca.