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Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

Columnistas

Mariana Rodríguez Del Toro, una mujer intrépida de la Independencia

Las investigaciones recientes sobre el proceso de Independencia, han mostrado el papel relevante de un número considerable de mujeres que apoyaron de manera activa al movimiento insurgente, esos estudios nos han dado luces para vislumbrar la actuación de mujeres antes desconocidas y de las que ahora conocemos parte de sus vidas: María Josefa de la Riva, Ana Villegas, María Josefa Huerta, María del Carmen Fernández Barrera Amat y Tortosa, Margarita Peimber, Antonia Peña, Gabriela Nicandra, María Luisa Martínez, María Catalina Gómez, María Manuela Molina alias la Barragana, Mariana Rodríguez del Toro, por mencionar algunas.

Estas mujeres no dudaron en arriesgar su vida, su libertad, su relativa comodidad y bienestar por una empresa que consideraban legítima. Según Silvia Palma Atlixqueño “[…] fueron conspiradoras, espías, correos e informantes; compañeras de armas y dirigentes de ejércitos; enfermeras, tipógrafas, costureras; recaudaron fondos, armas y pertrechos para la guerra; y agentes persuasivos para que los soldados realistas se pasaran al bando insurgente… Por sus acciones fueron encarceladas, violadas, ejecutadas, perdieron su fortuna y posición social”, Mariana Rodríguez del Toro formó parte de este bizarro grupo de mujeres.

PERTENECÍA A LA ARISTOCRACIA

Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín, nació en la Ciudad de México en 1775 y en la misma ciudad murió en 1821. -Hasta ahora no se conoce iconografía confiable de ella-. Contrajo matrimonio en 1809 con Manuel Lazarín, hombre acaudalado quien poseía minas en Guanajuato, además era alguacil mayor de guerra. Pertenecían a la aristocracia novohispana. Sin embargo, ambos eran partidarios del movimiento independentista iniciado por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende en septiembre de 1810. En la capital del virreinato tenían un salón en el que se reunían con sus amigos para celebrar convites y conversar sobre temas diversos, en el que la situación política de la Nueva España, por lo general era el tema central de discusión. A este selecto grupo de novohispanos, José Joaquín Fernández de Lizardi los llamó la “Sociedad de Americanos”.

Mariana Rodríguez Del Toro.

En una de sus tertulias se encontraban Mariana Rodríguez y su esposo Manuel Lazarín, el lunes santo 8 de abril de 1811, cuando un mensajero de Félix María Callejas arribó la capital del virreinato para informarle al virrey Francisco Javier Venegas que los principales instigadores del movimiento de insurrección, Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo y Jiménez, habían sido apresado en las Norias de Acatita de Bajan por el realista Ignacio Elizondo. Eufórico por la noticia el virrey Venegas dio a conocer la noticia a los habitantes de la ciudad y con júbilo decidió celebrar, sin importar que se estuviera en el periodo de Semana santa.

En el rostro de los concurrentes se empezó a notar el desánimo y la aflicción por tan fatídica noticia. Fue entonces cuando a Mariana Rodríguez se levantó y en medio de todos los presentes con elocuencia los exhortó a no darse por vencidos y redoblar sus esfuerzos a favor del movimiento independen tista, según relata don Luis González Obregón, expresó las palabras siguientes: “¿Qué es esto, señores? ¿ya no hay hombres en América? Los asistentes se preguntaron ¿qué podemos hacer? ¡Liberar a los prisioneros!”, dijo Mariana. ¿Pero cómo?, volvieron a preguntar, y ella respondió: “¡Apoderadse del Virrey en el paseo, y ahorcadlo!”. Esa noche nació la conjura conocida como la “Conspiración del año 11”.

DECIDE SECUESTRAR AL VIRREY

Para llevarla a cabo Mariana ideó un plan para conseguir la liberación de los jefes insurgentes. Convenció a los asistentes de su realización, el plan tenía por meta la captura del virrey Francisco Javier Venegas, y presentarlo ante la Junta de Zitácuaro presidida por Ignacio López Rayón, para negociar su liberación a cambio de la de los independentistas o, en caso extremo, asesinarlo si la autoridad virreinal se rehusaba.

La participación de Mariana Rodríguez en la conspiración de 1811, más allá de infundir ánimo entre los partidarios de la independencia y pensar el plan para hacer prisionero al virrey Venegas con la finalidad de negociar la libertad de los insurgentes, muestra el carácter de una mujer libre de los prejuicios imperante en la mayoría de las mujeres de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX y muestra la faceta de las féminas con libertad de pensamiento político y capaces de la toma de decisiones de manera independiente que rechazan y tiran por la borda del navío el rol tradicional para ellas había establecido el orden social imperante.

Inspirada en su intrépida posición a favor de la independencia Mariana Rodríguez, apoyada por los capitanes realistas Francisco Omaña y Tomás Castillo, iniciaron la tarea de convencer a oficiales del ejército realista para adherirse a su conspiración que tendría lugar en el Paseo de Bucareli, lugar que el Virrey Venegas frecuentaba. Acordado el día para el rapto de Venegas se efectuó una importante movilización popular para capturar a otros jefes militares y autoridades administrativas, procediendo luego a la proclamación de la independencia de la Nueva España del imperio español.

Pero no se tomó en consideración, que uno de los conspiradores, José María Gallardo decidiera confesarse antes de llevar a cabo el plan con el padre Camargo de la Merced, quien, sin dudarlo, traicionando el secreto de confesión, lo denunció. Encarcelado y sometido a severos interrogatorios Gallardo delató al resto de los participantes en la conspiración, por lo que Mariana Rodríguez y su cónyuge, así como sus amigos fueron hechos prisioneros. Por considerar el tribunal que Mariana Rodríguez estaba encinta se salvó de ser fusilada, fue encarcelada.

FALLECE POR MALTRATO EN LA PRISIÓN

Este fracaso no fue impedimento para que Mariana Rodríguez, estando recluida y resintiendo el maltrato, las enfermedades y miseria, continuara tratando de convencer a quienes con ella tenían contacto de adherirse a al movimiento insurgente. Mariana fue liberada el 20 de diciembre de 1820, atormentada por los padecimientos causados por el maltrato sufrido durante el tiempo que permaneció en prisión falleció en 1821. Año en el que finalmente se logró la independencia de la Nueva España o América Septentrional emancipación por la que tanto había luchado hasta el final de su vida.

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