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Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

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María Manuela Molina, una capitana insurgente, admiradora de Morelos

El historiador estadounidense Eric Van Young, en su monumental obra La otra rebelión, la lucha por la independencia de México 1810-1821 refiere que, desde el comienzo de la lucha armada, muchas familias de insurgentes rurales fueron siguiendo a sus padres esposos o hermanos al conflicto bélico; si bien es cierto que quizá no participaban directamente en los combates, añade, al menos desempeñaban una función de apoyo emocional y logístico. Desde su óptica considera que el rol de las mujeres no debió ser tan variado al que desempeñaron las soldaderas durante la revolución mexicana

La propuesta de Van Young si bien es interesante, es frágil para caracterizar a las mujeres que participaron en la guerra de independencia, ya hemos apuntado en otras colaboraciones, que el rol desempeñado por las mujeres durante el movimiento insurgente fue crucial para que éste, luego de diez años de lucha, alcanzara el éxito. Al afirmar lo anterior no solo me refiero a la participación de aquéllas que por su posición y estatus social y grupo político triunfante en la lucha interna entre federalistas y conservadores, se consideraron como un selecto grupo de heroínas, sino de todas aquellas que contribuyeron de distintas maneras al movimiento emancipador, por discreta que ésta hubiera sido, si se considera que se jugaron el todo por el todo, con la finalidad única de lograr la independencia de su tierra de origen, sin la idea de ser recompensadas por sus servicios a la causa independentista, arriesgando la vida debido a que los castigos contra quienes ayudaban o participaban con los insurgente incluía la pena de muerte —sin importar el sexo, edad o condición social—, así lo confirma entre otros documentos, un edicto de 1813 ordenado por el virrey Félix María Calleja.

De manera que la vida de estas mujeres invisibilizadas, por quienes cultivan la historia de bronce de hombres y mujeres inmaculadas, es desconocida por la mayoría de los mexicanos de hoy. María Manuela Molina, es una integrante de un voluminoso catálogo de heroínas desconocidas, por ese motivo se presenta una breve reseña de su participación en la gesta independentista.

A mediados del siglo XVIII Juan Molina y su esposa Matiana Maya emigraron de Tenango del Valle para establecerse en Real y Minas de Tehuilotepec, situadas cerca de Taxco, el motivo de esta determinación fue que en esta región la actividad minera ofrecía mayores oportunidades. Además, en Taxco vivían algunos familiares a los que podían recurrir en caso de enfrentar algún inconveniente.

María Manuela Molina.

En 1751 nació su primera hija, la llamaron María Manuela, al ser hija única, vivió su niñez con tranquilidad. La familia tenía por costumbre viajar los domingos al pueblo de Taxco para acudir a misa y para avituallarse de lo necesario en el tianguis de la plaza central. Fue en esa localidad donde años después cuando María Manuela a la edad de 18 años, conoció al barretero José Bartolo Quiroz con quien inició un breve noviazgo que el 20 de noviembre de 1769 terminó en matrimonio. Luego de un lapso prolongado, en abril de 1774 dio a luz a su única hija a la que dieron por nombre María Josefa. Su matrimonio finalizaría en los años siguientes, para 1792 José Bartolo había fallecido.

Esta situación ocasionó que María Manuela, según afirma el historiador Jesús Guzmán Pérez, se empleara en las minas, lo cual era común entre las mujeres de la zona. Guzmán considera que fue en las minas donde se le asignó el mote de la Barragana “[…] no tanto por ser amasia de algún cura, sino por su carácter esforzado, su gran corpulencia y su voz fuerte y grave que llamaba la atención de los más despistados. Era sin duda una mujer bragada a quien no le importaba hacer frente a la adversidad, por más ruda que esta fuese.”

Esa fortaleza la llevaría a incorporarse en la guerra de independencia en octubre de 1810, bajo las órdenes de Juan Albarrán, a quien Hidalgo había otorgado el grado de brigadier de los ejércitos americanos. María Manuela participó en las principales batallas que se suscitaron durante la primera etapa del movimiento de independencia. Las fuentes refieren que en diciembre de 1810 acampó en Zinapécuaro, al frente de innumerables indios que traía consigo, y ordenando que de las haciendas aledañas se le dispusiese carne y maíz y nada más. Que no tuviesen miedo, que no venían sino a derrotar al ejército de vuestra señoría.

María Manuela y su hueste se dirigían a Valladolid para apoyar a los insurgentes que defendían esa ciudad, sin embargo, al tener noticias del abandono de la plaza por parte de los independentistas, se dirigió a la zona que dividía a las intendencias de Valladolid y México. Ahí se unió a las fuerzas del insurgente José Benedicto López y juntos, en los primeros meses de 1811, lograron la interrupción de las comunicaciones ente las ciudades de Valladolid y México.

Al constituirse la Suprema Junta Nacional Americana el 19 de agosto de 1811 en la villa de Zitácuaro, sus representantes —Ignacio López Rayón, José Sixto Verdusco y José María Liceaga —se dieron a la tarea de organizar adecuadamente al ejército. Fue durante este proceso que a María Manuela por sus acciones y valor demostrado en combate se le confirió el grado de “capitana” con mando de tropa, asignándole para jurisdicción de su mando el Real de Minas de Temascaltepec. De esta manera se reconocían sus servicios a la causa independentista y de mujer poco convencional, que, contraviniendo las normas sociales de su tiempo, se vistió de hombre, habló como hombre y luchó como uno más de ellos, para hacerse respetar y obedecer.

Con su tropa, en 1811 decidió presionar al ejército realista que operaba desde El Pinal, Puebla, hasta el puerto de Veracruz ocasionando bajas importantes a las tropas virreinales. Sin embargo, abandona el asedio para regresar a Zitácuaro que estaba a punto de ser atacado por las fuerzas de Félix María Callejas. María Manuela entró en acción en la batalla de Zitácuaro del 2 de enero de 1812, no pudiendo resistir el asedio de los realistas los insurgentes logran evadir el cerco enemigo. La villa es tomada por Callejas y en los días subsecuentes es arrasada, incendiada y destruida.

INDIA NATURAL DE TAXCO

Una de las descripciones más emotivas sobre María Manuela, es proporcionada por el licenciado Juan Nepomuceno Rosáins, secretario de José María Morelos y Pavón. El día 9 de abril de 1813 desde Acapulco relata en su Diario: “[…] Llegó doña María Manuela Molina, india natural de Taxco, capitana titulada por la Suprema Junta. Esta mujer, llevada del fuego sagrado que inspira el amor de la patria, comenzó a hacer varios servicios a la nación, hasta llegar a acreditarse y levantar su compañía. Se ha hallado en 7 batallas, y entusiasmada con el gran concepto que al señor G[eneralísimo] le han acarreado sus victorias, hizo viaje de más de 100 leguas por conocerlo, expresando después de lograrlo, que ya moriría gustosa, aunque la despedazara una bomba de Acapulco: ojalá que la décima parte de los americanos tuviera los mismos sentimientos.

María Manuela Molina no moriría despedazada por ninguna bomba, su muerte ocurrió al año siguiente de alcanzada la independencia nacional, a consecuencia de dos heridas de lanza que recibió en combate a finales de 1819 que la mantuvieron en agonía hasta su deceso el 22 de marzo de 1822.

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