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Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

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María Josefa Ortiz, La historia oculta de la Corregidora de Querétaro

RAYMUNDO VÁZQUEZ SOBERANO

GRUPO CANTÓN 

María de la Natividad Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón, conocida por los sobrenombres de “Josefa Ortiz de Domínguez”. Nació en Valladolid -hoy Morelia- en abril de 1773. Quedó huérfana en su infancia.

Fue entonces cuando su hermana mayor María Ortiz quien vivía en la Ciudad de México, la tomó a su cargo, era viuda y administraba un estanquillo del monopolio real del tabaco que le permitía asegurar su peculio. Entonces Josefa empezó a ayudar a su hermana en las tareas del local y fue ahí donde aún sin comprender empezó a escuchar las discusiones de clientes sobre la situación de los indígenas, las castas, los mestizos, el nepotismo de los españoles sobre los criollos al asignar cargos en el virreinato entre otros asuntos relacionados con la vida política en la Nueva España.

Es posible que el interés por las problemáticas que discutían los parroquianos decidió prepararse y con la ayuda de su hermana y por el origen vasco de su padre ingresó en mayo de 1789 al Colegio de las Vizcaínas de la Ciudad de México.

MUJER DE RADIANTE BELLEZA

Unas de las peculiaridades de este colegio era que contaba con un rico acervo que le permitió a Josefa leer a escondidas a los enciclopedistas. En especial la novela Julia o la Nueva Eloísa de Jean-Jacques Rousseau, en la que se hace referencia al heroísmo femenino con matices críticos y moralizantes de la época, así como de la importancia de las mujeres en la educación de los hijos. En esta biblioteca también leyó Emilio o El contrato social escritos por el mismo autor.

Josefa Ortiz, según relatos de la época era una mujer de radiante belleza, lejos estaba de parecerse a su iconografía adusta, poco agraciada, que de ella se presenta en las versiones de la historia oficial. Según el escritor decimonónico Francisco Sosa la naturaleza la había dotado “[…]de extrema hermosura y puso en su corazón sentimientos más hermosos todavía”. Al respecto Roberto O’Farril Corona -productor y conductor de programas de radio y TV, en su programa El pulso de la Fe: Levantamiento de Querétaro, cuestiona las imágenes con las que tradicionalmente se presenta a Josefa Ortiz, refiere que ésta “[…]no tenía ni un tercio de la edad que aparenta en su iconografía oficial y gozaba de una particular y notable belleza, casada con el corregidor, él sí viejo y sobrado de peso”.

CONOCE AL FUTURO CORREGIDOR

Fue en una de las visitas de los integrantes del patronato del colegio, en la que Josefa conoció a Miguel Domínguez quien formaba parte de esa corporación desde 1789. Era casado, pero el estado de salud de su esposa era delicado, por lo que frecuentaba el colegio y de esas visitas surgió la atracción de Domínguez por la agraciada Josefa, quien además de su belleza, se mostraba inteligente y de fuerte personalidad, dotes que terminaron por cautivar a Domínguez quien la tomó como su protegida. La esposa falleció y al quedar viudo, sus visitas a las Vizcaínas fueron más frecuentes. Entonces Josefa quedó embarazada de su protector, por lo que se vio obligada a dejar el colegio en marzo de 1791 y regresó a vivir con su hermana. Domínguez al enterarse de la noticia del embarazo la solicitó en matrimonio y mientras los trámites se realizaban nació la primera hija de la pareja.

En 1802 el virrey Félix Berenguer de Marquina y FitzGerald, nombró a Miguel Domínguez corregidor de Querétaro, Josefa lo acompañó a tomar posesión de su nuevo cargo y en los años siguientes lo ayudó a resolver asuntos delicados, mostrando así su talento y sagacidad, para entonces la autoridad que Josefa Ortiz ejercía sobre su esposo ya era vox populi en la ciudad. Se decía que había apoyado la Conspiración de Valladolid de 1909 y que fue ella quien “convenció” a su esposo de tomar parte en la Conspiración de Querétaro.

En relación a estos sucesos, escritores como Francisco Sosa, Manuel Orozco y Berra consideran que fue Ignacio Allende quien la catequizó para que participara en la conspiración independentista, convirtiendo su casa en un centro de reunión que disfrazaba al organizar de manera frecuente tertulias, con las cuales Domínguez se mostraba fastidiado y más aún con las visitas que Allende realizaba a su casa, debido a que al parecer cortejaba a su hija mayor.

María de la Natividad Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón, mejor conocida como “Josefa Ortiz de Domínguez”.

RUMORAN AMORÍO CON IGNACIO ALLENDE

Sin embargo, en la ciudad se rumoraba que, Josefa Ortiz era en realidad la que había logrado la atención de Allende, situación de la que se había enterado el corregidor Domínguez por lo que procedió a solicitarle a Ignacio Allende que no visitara más su hogar. En este trance incómodo se encontraban los Domínguez, cuando el 13 de septiembre se descubrió la conspiración independentista, por lo que Domínguez temiendo que su esposa se involucrara más, decidió encerrarla bajo llave en una de las habitaciones de su casa; sin embargo, esta medida no fue obstáculo para que alertara a Ignacio Allende, Ignacio Aldama y al cura Hidalgo, haciéndoles saber que la conspiración había sido descubierta, lo que ocasionó que Hidalgo y Allende acordaran el 15 de septiembre de 1810 iniciar el movimiento insurgente.

A pesar de que los Domínguez trataron de no levantar sospechas sobre su participación en el movimiento, en las indagatorias se encontraron algunas evidencias que los relacionaban con los insurgentes. Por lo que fueron detenidos y encarcelados por el alcalde Juan Ochoa, breve tiempo permanecieron prisioneros y fueron liberados. A Domínguez se le dio un trato preferencial, en cambio a doña Josefa, se le sometió a un arresto domiciliario, luego fue trasladada al convento de Santa Clara y el 22 de octubre fue liberada.

Su suerte cambiaría cuando en 1813, el cura de Aculco Manuel Toral, la acusa de revolucionaria ante el virrey; a esta denuncia se sumó la que a finales de ese año realizó el doctor José Mariano Beristáin y Souza ante el virrey Callejas comparándola con Ana Bolena, la consorte de Enrique VIII. Por lo que de nueva cuenta fue detenida en enero de 1814 y conducida como prisionera a la Ciudad de México, siendo recluida en el convento de Santa Teresa la Antigua.

3 AÑOS PRISIONERA

Durante su reclusión le escribió algunas cartas al virrey Callejas, una de estas misivas fue redactada en febrero de 1814 y en ella le solicitaba al mandatario le informara el motivo de su detención y reclusión, debido a que se consideraba inocente por no haber cometido falta alguna.

De poco sirvieron sus cartas dirigidas a Callejas, éste se mostró inflexible. Finalmente fue liberada gracias a las gestiones realizadas ante el nuevo virrey Juan José Ruiz de Apodaca quien le otorgó el perdón en junio de 1817. Al consumarse la independencia se formó una junta de notables, cuando se consideró a Josefa Ortiz expresó que nada quería. Tal vez fue inconcebible para ella que la emperatriz doña Ana Huarte de Iturbide la invitara a formar parte de su corte. Pero las ideas de libertad y de independencia se habían arraigado profundamente en Josefa Ortiz de manera que su respuesta a la emperatriz fue: “Dígale usted que la que es Soberana en su casa, no puede ser dama de una emperatriz”. Josefa Ortiz fallecería en la Ciudad de México en marzo de 1829, víctima de una neumonía. El proceso mediante el cual se convertiría en madre de la patria, se abordará en otra entrega.

tabascohoy.com 

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