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María Gertrudis Bocanegra, fémina insurgente leal hasta la muerte

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En un interesante estudio titulado “Mujeres en México, una historia olvidada” Julia Tuñón Pablos señala que a finales del periodo colonial no existían términos medios para las mujeres y su conducta solo ondulaba entre el enaltecimiento virginal o el fuerte tropiezo por la transgresión ocasionada por el pecado. De tal manera que eran escasas las mujeres que se aventuraban a caminar más allá de las lindes establecidas por el orden social imperante, desafiando los arquetipos tradicionales concebidos para las mujeres de la época.
Afortunadamente en los años recientes los estudios sobre esas mujeres atrevidas “con pantalones” que, desafiando el establishment del periodo borbónico en la Nueva España, participaron de manera activa en el movimiento de independencia, ha ido tomando relevancia en la historiografía mexicana, en especial la de aquellas que por su valor y determinación “pasaron a la historia”, pero que sus acciones y proezas en la emancipación nacional se encuentran dispersas en los archivos, bibliotecas, hemerotecas y museos de diversas regiones de nuestro país. Es el caso de la heroína a la que dedicamos esta colaboración: María Gertrudis Bocanegra
CONTRAE NUPCIAS A LOS 18 AÑOS
María Gertrudis nació el 11 de abril de 1765 en la ciudad de Pátzcuaro, entonces perteneciente a la intendencia de Valladolid (actual estado de Michoacán), sus padres Pedro Javier Bocanegra y Feliciana Mendoza eran españoles y pertenecían al grupo dominante de la región, por lo que la infancia de Gertrudis transcurrió en un ambiente propicio que la inclinó al estudio actividad en la que se destacó por su inteligencia.
Claudia Becerra, una de las biógrafas de la vida de María Gertrudis, refiere que a la edad de dieciocho años conoció a un oficial del Regimiento de la Provincia de Michoacán del ejército español llamado Pedro Advíncula de la Vega y luego de un breve noviazgo aceptó casarse con él, pero al ser menor de edad —la mayoría se alcanzaba a los 25 años— requería para su matrimonio del consentimiento paterno, el cual le fue denegado por don Pedro al considerar la desigualdad de sangre, debido a que el pretendiente no era español, sino un criollo de tez morena.
INICIA EL MOVIMIENTO DE INDEPENDENCIA
Ante esta situación, el novio presentó ante las autoridades de Pátzcuaro una petición en la que entre otros datos solicitaba el permiso para casarse con la menor María Gertrudis Bocanegra Mendoza. Luego de una serie de gestiones burocráticas las autoridades le concedieron a Advíncula la petición solicitada y la boda se efectuó el 18 de febrero de 1784 en la ciudad de Pátzcuaro. El matrimonio transcurrió de manera normal, la pareja procreó tres hijas y un hijo.
En septiembre de 1810, al iniciar el movimiento de independencia María Gertrudis tenía cuarenta y cinco años. La familia De la Vega-Bocanegra era partidaria de la independencia del virreinato de la Nueva España del imperio español y se comprometieron con los ideales de los insurgentes, aún sabiendo el riesgo que su decisión de participar en la guerra implicaba.

María Gertrudis Bocanegra.
Su esposo, Pedro Advíncula de la Vega y su hijo, un joven de diecisiete años motivados por María Gertrudis, se unieron al movimiento con los hombres que acaudillaba en la región Manuel Muñiz, éste a su vez colaboraba con Miguel Hidalgo y Costilla desde que éste se dirigía a la toma de la ciudad de Guadalajara. El 15 de enero de 1811, ambos participaron en la batalla del Puente de Calderón donde el cura de Dolores y Allende sufrieron una estrepitosa derrota ante el ejército realista comandado por Félix María Callejas. Múñiz y sus hombres regresaron a la intendencia de Valladolid y en febrero de 1811 se apoderaron de manera temporal de Pátzcuaro.
Por su lado María Gertrudis colaboraba con los insurgentes desempeñando la función de correo, mediante la cual informaba sobre los movimientos de los realistas en Tacámbaro, Pátzcuaro y sus alrededores. Su casa se transformó en el centro del movimiento independentista en Pátzcuaro, por lo que sus movimientos eran vigilados de manera constante por las autoridades virreinales. Para evadir la vigilancia, optó por usar como camuflaje de sus reuniones conspiradoras organizar tertulias. Además de información proporcionaba a los insurgentes recursos pecuniarios.
CAE SU HIJO EN COMBATE
En el desempeño de esas funciones se encontraba cuando recibió la aciaga noticia, que su hijo había caído en combate y que Pedro Advíncula había sido herido de gravedad y aunque fue atendido de sus heridas en Valladolid, al poco tiempo falleció. Ya viuda y sabiendo que sus hijas estaban en riesgo las envío a Valladolid como medida de precaución. De esta forma quedó en las condiciones adecuadas para abandonar la vida cómoda que hasta entonces llevaba y se incorporó a la lucha insurgente integrándose a las fuerzas que comandaba uno de sus yernos el coronel Gaona, manteniéndose activa por tres años.
Al prolongarse la lucha entre insurgentes y realistas, su yerno la comisionó para regresar a Pátzcuaro con la misión de informar a los insurgentes sobre los movimientos de los realistas, conseguir adeptos y organizarlos para facilitar la entrada de la tropa insurgente en la ciudad.
En el desempeño de su misión, al inicio de octubre de 1817, cuando creyendo tener la lealtad de un exsargento realista, al que antes había salvado de la muerte, le había confiado parte de su misión, pero se equivocó. Este hombre desleal, la traicionó delatándola al ejército realista. Entonces fue hecha prisionera y se trató de obligarla a denunciar a sus compañeros y soldados realistas que estaban en la disposición de permitir que la plaza fuera tomada por los insurgentes. Becerra comenta que, el jefe realista de Pátzcuaro Miguel Barragán ordenó que fueran aprehendidas también sus hijas, además de disponer de sus bienes: alhajas, muebles y una hacienda cercana a Pátzcuaro.
LA FUSILAN EN LA PLAZA MAYO
De manera constante sufría de tortura psicológica. Con la intención de que confesara los planes de los insurgentes y a sus partidarios en la ciudad. María Gertrudis soportó este suplicio de manera estoica y no accedió a las exigencias de los realistas.
Ante su carácter inflexible, sometida a juicio y condenada a ser pasada por las armas. Ya con la sentencia dictada, los realistas todavía intentaron disuadirla para delatar a sus correligionarios mediante la persuasión de un clérigo, pero éste nada logró.
El 11 de octubre de 1817, María Gertrudis Bocanegra fue fusilada en la Plaza Mayo al pie de un fresón, siendo sepultada en la iglesia de la Compañía de Pátzcuaro. Así terminó la vida de una mujer que había perdido a su esposo, hijo y bienes en la lucha por el triunfo del movimiento emancipador al que guardó fidelidad hasta su último aliento.

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