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Perra brava

Mano dura, Presidente

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El presidente López Obrador tiene que tener mano dura. No ha sido suficiente la mano fuerte ante la corrupción. Lo dijo ante el cese de Rogelio Jiménez Pons en el Tren Maya —y Fonatur—, a pregunta del Grupo Cantón, en la mañanera del martes 25: “pues entonces no está entendiendo de que una transformación es un cambio profundo, es una revolución de las conciencias”.

Mano dura, presidente, contra los que han traicionado el proyecto de nación. Los que, usted lo ha dicho en el caso de Jiménez Pons, deben ser funcionarios “responsables que estén comprometidos por entero, que no se detengan ante nada y que se apliquen a fondo”.

Hay muchos Jiménez Pons en su gobierno. Gente —en su mayoría del pasado que usted tanto critica— que está pensando, uso sus palabras, que “es la misma vida rutinaria del gobierno, que todo es ortodoxo, que todo es plano, que no importa que se pase el tiempo”.

Fallan y no dan resultados. Eso no es nuevo. Lo enfrenta usted desde que empezó a cumplir responsabilidades en la política.

A mediados del gobierno de Leandro Rovirosa, cuando usted era delegado del INI en Tabasco —lo que hizo muy bien, que es otra historia— sugirió al mandatario que ya era tiempo de que Nacajuca tuviera un presidente indígena.

Felipe Rodríguez de la Cruz, líder chontal, fue el primero que le falló. Entrando al Ayuntamiento compró carro, propiedades… y hasta cambió de mujer. “Nos equivocamos, gobernador”, se cuenta usted le dijo a Rovirosa, su amigo, al que usted quiso como un padre. “Te equivocaste tú”, dicen que le dijo don Leandro. El alcalde fue sustituido por el contador José Neftalí Frías Díaz. Ya son muchos, también, los Felipe Rodríguez de la Cruz en su paso por la historia, Andrés Manuel. Mano dura. Aplique lo que acaba de decir: “no vamos a estar considerando que son nuestros amigos o nuestros familiares o nuestros compañeros”.

tabascohoy.com

 

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