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Director Miguel Cantón Zetina
(Foto: Archivo)

Luto en Tila

El saldo hasta ahora son seis muertos y 16 heridos. Ejidatarios y pobladores afines al ayuntamiento se culpan de la violencia. Autoridades ausentes.

TILA, Chiapas. Veinticuatro horas después de la batalla campal que se desató entre los ejidatarios decla­rados autónomos y los seguidores afines a las autoridades del ayun­tamiento, el cuerpo de don Elmar Martínez Pérez seguía tendido en el suelo, en espera de que llegara el Mi­nisterio Público de Yajalón.

El anciano de 65 años se fue a meter en medio de la gresca, en la entrada al territorio declarado in­dependiente, donde las piedras, los palos y el silbido de las balas no tar­daron en alcanzarlo.

Horas más tarde cayó mortal­mente herido de bala en el pecho otro tileco, Juan Pablo Pérez Váz­quez, de 45 años de edad. Fue cargado desde la entrada al ejido autónomo hasta un patio particular por sus compañeros, su rosto estaba lívido y ya no abrió más los ojos.

La víspera, el viernes 11 de septiembre, aproximadamente a las 11 de la mañana, un grupo encabezado por Arturo Sán­chez, se presentó a la entrada del ejido, derribando el arco donde se proclamaba la auto­nomía y bloqueando todas en­tradas y salidas a la comunidad.

El cabecilla identificado con el grupo paramilitar Paz y Justi­cia, y aliado a las autoridades mu­nicipales, acusó a los ejidatarios de dividir a los tilecos. Acusó tam­bién a algunos sacerdotes que pro­mueven la teología de la liberación de estar detrás de la división. «Han traído gente de otros lados y se han pertrechado con armas de fuego en la Iglesia de Centro, la Casa ejidal y Cristo Rey», alertó.

Los ejidatarios autónomos por su parte acusaron a don Arturo de haber empezado las agresiones. «Tira la piedra, esconde la mano y luego se victimiza, el muy sinve­güenza», señaló enojado un anciano ejidatario.

 

TILA, CHIAPAS ES EL LUGAR

Para los autónomos el pleito actual tiene que ver con el dinero que obtie­ne la alcaldía de los turistas que visi­tan Tila en la fiesta de Corpus Cristi. «Cuando llegan los turistas, las auto­ridades les roban las placas a los au­tomóviles, así los obligan a pagar una lana, de lo contrario no pueden salir», denuncia otro ejidatario con el rostro moreno marcado de arrugas.

Sobre las muertes, los ejidatarios responsabilizan a don Arturo Sán­chez. «Están matando gente inocen­te para poner el río revuelto y sacar provecho. En el ejido no hemos po­dido dormir viejos, ancianas, jóve­nes y niños, por las agresiones de los paramilitares. Ellos quieren tener el control a la fuerza, matando gente inocente, gente del pueblo. Tila está de luto», narra otro tileco que pre­fiere no mencionar su nombre por temor a represalias.

 

CAMINO LARGO DE ANDAR

No tarda en correr el rumor entre la población de la desaparición de Luis Aparicio Parcero Martínez y su ami­go, Elidio Zenteno Trujillo, que no pertenece a la comunidad, si­no que es originario de la comu­nidad de Moyos, municipio de Sabanilla.

Fueron visto la última vez el viernes en el lugar del zafarran­cho. Veinticuatros horas des­pués apareció la moto de Luis abandonada en un paraje, y a unos metros la ropa de él y de su amigo y compañera de trabajo.

Un vigilante dio con los des­aparecidos en el banco de graba conocido como Coquija. Menu­do susto se llevó al ver a los dos hombres con el rostro descarna­do. Pronto dio aviso a la policía. Los cuerpos mostraban signos de haber sido torturados. Por sus ro­pas se pudo identificar que eran los dos tileños desaparecidos.

En horas llegarán los elemen­tos de la Guardia Nacional. Mien­tras, se hace un nudo en la garganta en los pobladores de ambos bandos.

«Yo en Tila me quiero quedar», se oye en la radio la voz de Chi­co Che. Aunque haya balazos por donde quiera.