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Director Miguel Cantón Zetina
Momento que el cuerpecito es localizado y llevado a una camioneta de con el logotipo de la Fiscalía General del Estado.

Luto en El Santuario

Se cree que cayó a una poza y el desbordamiento de ésta lo arrastró a una maraña de lodo y maleza. La necropsia dirá la causa de su muerte.

A dos días de que la familia Pérez Leiva viviera un infierno en la búsqueda por encontrar con vida a su pequeño vástago, las esperanzas se derrumbaron. De nada sirvieron las oraciones de la comunidad que, desde el pasado martes, se unió con la familia para peinar el ejido El Santuario, un vasto paraje con arena y palmeras, en la costa cardenense, a unas tres horas de la capital tabasqueña. Con las fuertes lluvias que comenzaron a principios de la semana, Luis Enrique, de dos años y medio, desapareció, ahora su cuerpecito, apenas escampó el cielo, apareció recostado sobre la tierra lodozal, a unos 300 metros de una charca nonata que se formó atrás de su casa; su humanidad traía la misma ropa con la que lo vio su madre el fatídico día de su ausencia, un shorcito azul, sin camisa, sin vida.

Doña Luisa Fuentes Leiva estaba en los quehaceres del hogar, cuando se percató de que su niño no reía ni hacía el menor ruido. Hijo único, se pasaba las horas jugando dentro de la casa con sus modestos juguetes, o entreteniéndose en el patio, explorando el mundo de las flores y los insectos más allá de la sombra protectora de su madre, su figura tutelar también. Doña Luisa dio la vuelta a la casa, llamándolo, sin recibir respuesta. Salió a preguntar a los cercanos vecinos, y pronto como reguero de pólvora comenzó la búsqueda del infante.

Apenas dieron a viso al padre, Carlos Enrique Pérez López, abandonó su trabajo en la tortillería para unirse al rastreo de su hijo. Imposible que un pequeño pudiera haber avanzado tanto. Vecinos de la comunidad pensaron que quizá alguien lo había encontrado y lo devolvería al hogar, otros imaginaron lo peor, que se lo hubieran robado, pero nadie había visto a personas ajenas por la comunidad.

Separados, la joven pareja volvió a unirse, esta vez para encontrar a su tesoro. De Villahermosa, Cárdenas y Huimanguillo arribaron elementos de Protección Civil para peinar más allá del Ejido El Santuario. Pese a las malas condiciones climáticas, 45 personas participaron en las pesquisas.

Ayer arribó un buzo para sumergirse en la poza formada por las lluvias. Tras darse cuenta que el estanque de agua no era profundo, los hombres de negro decidieron explorar con sus manos el fondo.

Sería que la poza se desbordara y arrastra al pequeño a una maraña de lodo y maleza, o ¿cómo explicar que el cuerpecito apareciera ahí, lejano al cuerpo de agua?, la atroz verdad es que su cuerpo apareció a metros de su casa, inerte ya porque su espíritu vivaz e inqueito, como corresponde a los niños.

La voz del hallazgo se registró a las dos de la tarde de ayer y de inmediato se expandió entre los cientos de voluntarios, quienes se concentraron para ver cómo el pequeño era subido en una camioneta de la Fiscalía Cárdenas, para ser trasladado al servicio médico forense. La necropsia de ley determinará si murió por ahogamiento. En su casa, los padres separados, ahora rezan juntos por el eterno descanso de una almita inocente.

 

(Con información de Darvin Osorio)