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Imagen ilustrativa (Foto: Agencia)

México

Los Jinetes del Apocalipsis: Todo comenzó desde los Congresos de la Unión

La historia de saqueos, corrupción y desamparo al pueblo mexica­no, podría tener un desenlace inesperado con la consulta popular.

CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando al poco tiempo los resul­tados de las pesquisas le fueron entregados a López Obrador, más que enojarlo sirvieron para revivir su vieja ansia de castigar a los res­ponsables de la inmundicia que inundó al país y permitió que los expresidentes atesoraran rique­zas mal habidas por treinta años.

Si López Obrador no sospe­chara siquiera parte de lo que le informaron durante el hallazgo, seguramente se hubiera horro­rizado de todos los actos de co­rrupción y saqueos que a la som­bra del poder cometieron los expresidentes y sus cómplices. Lo mejor de lo que le enteraron fue que muchos de esos eventos delictivos aún pueden ser casti­gados.

–Pero ¿de quién nos valdre­mos? –preguntó con inquietud uno de sus colaboradores.

–Seamos realistas –contes­tó el Presidente–, su complicidad con el narco desquició al sistema político y dio paso a un narco Estado. El narcotrá­fico penetró pro­fundamente a los tres poderes desde sus raí­ces, desde los tres niveles de gobierno: fe­deral, estatal y municipal. Por donde quiera que apretemos saltará pus.

–Si todo está podrido, ¿qué ha­remos? –insistió el colaborador.

–Debemos restaurar el siste­ma político; es urgente y necesa­rio, si queremos un país justo.

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El mandatario guardó silencio unos segundos, y cuando observó que tenía la atención completa de su grupo compacto, el de su abso­luta confianza, agregó:

–Todo comenzó desde los congresos de la Unión. Los ex­presidentes los conformaron para que les avalaran todo en la más completa sumisión: Presu­puestos, precios del barril de pe­tróleo, inflaciones y recesiones, transferencias del gasto, retener los recursos a las administracio­nes adversas, reconocimientos y aplausos a ladrones de cuello blanco, a los favoritos y cómpli­ces. Para que guardaran silencio por las masacres, disimularan ante el desmantelamiento del Estado, la entrega de la banca al extranjero; aprobaran rescates bancarios y carreteros, los incre­mentos de impuestos… En otras palabras, convirtieron a los con­gresos de la Unión en una Oficia­lía de Partes para sus caprichos.

–Bueno, señor, no todo está perdido. Aún contamos con los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, repre­sentantes del Poder Judicial federal –se apresuró a decir el colaborador.

–¡Ah!, los ministros –dijo López Obrador con desilusión.

–Esos mismos, Presidente.

–Salvo honrosas excepcio­nes –dijo López Obrador–, mi­nistros, magistrados, jueces y fiscales han sido señalados de estar sumidos en el pantano de la corrupción, de incrementar sus riquezas fraudulentas y mal habidas. Durante la larga etapa de los regímenes pripanistas corruptos, se hicieron de la vis­ta gorda de los robos a las zonas arqueológicas, las subastas pe­troleras, de la usura bancaria; no tocaron ni con el pétalo de una rosa a quienes saquearon el país desde la inmunidad ab­soluta, y casi acabaron con las empresas nacionales para fa­vorecer a las extranjeras.

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“Podríamos decir que con sus togas y birretes, fueron repre­sentantes de la corrupción insti­tucionalizada, la vulnerabilidad económica, el sindicalismo verti­cal y venal, la mediatización de la justicia, las amenazas a la prensa crítica, la invención de delitos a los opositores, la mentira y el engaño cotidiano. La negación absoluta de las luchas por la so­beranía. Y apoyaron sin reservas la matanza de estudiantes, las masacres de Aguas Blancas, Ac­teal y Ayotzinapa. El único límite de esos hombres y mujeres fue el fondo de sus bolsillos”.

–¡Ah!, los ministros –repitió, decepcionado el colaborador.

–¡Vamos!, aunque sé que no será fácil –dijo el Presidente–. Hablaremos con los ministros de la Suprema Corte (continuará).

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