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Agua y Pantano

Los fracasos en seguridad pública

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La militarización de la seguridad pública no es la solución para frenar la escalada de delincuencia, criminalidad y violencia. Así ha quedado demostrado desde que se decidió llenar de soldados y marinos las calles, bajo el argumento de que se requería de la disciplina, la capacidad de fuerza y de fuego de las fuerzas armadas, para frenar el avance de los cárteles del narcotráfico, primero, y de los poderosos grupos del crimen organizado, después.

En principio se creyó que era necesario ante la falta de profesionalización de los cuerpos de policía y la corrupción imperante en esas instituciones. Los gobiernos que precedieron al actual, desde Zedillo hasta Peña, insistentemente decían que la presencia militar en tareas que competían a los cuerpos civiles de seguridad era momentánea.

Marinos y soldados regresarían a sus cuárteles en cuanto se depuraran las instituciones policiales, claramente infiltradas por los grupos criminales, se mejoraran sus capacidades y en términos generales se ampliara el estado de fuerza, ya que existían localidades en el país que ni policías tenían.

Fox, Calderón y Peña invirtieron miles de millones de pesos en capacitación, profesionalización, adquisición de patrullas, redes de telecomunicaciones, plataformas para el intercambio de información, registros de detenciones, de persona l y otras tantas herramientas.

Desde luego que buena parte de la multimillonaria inversión acabó en manos de funcionarios y proveedores corruptos. Los ambiciosos planes de reforma policial no alcanzaron sus metas y fracasaron.

En gran medida sucedió así porque cada seis años se ha querido reinventar la política en materia de seguridad pública en el país, ya de por sí distorsionada por la enorme influencia castrense en la toma de decisiones.

Con Fox nació la Policía Federal Preventiva, que se formó con militares y terminó con la etapa de la Policía Federal de Caminos, desapareció la corrupta Policía Judicial Federal, nació la Agencia Federal de Investigación (AFI); después vino Calderón con García Luna e impuso sus nuevas y fracasadas recetas con más militarización.

El sueño de Peña Nieto fue tener una Gendarmería Nacional, que apenas llegó a ser una división de la Policía Federal, pero su gobierno desapareció la Secretaría de Seguridad Pública y las funciones de esta institución las pasaron a la Secretaría de Gobernación sin una justificación convincente; se mantuvo y amplió la militarización.

Los resultados hasta el sexenio peñista fueron pésimos. Aumentó la inseguridad, la violencia, la violación a los derechos humanos y los grupos criminales adquirieron más poder.

Al arribo de las 4T, renacieron las esperanzas de un cambio de rumbo. Tampoco hubo seguimiento antes hecho en materia de seguridad y por el contrario, se eliminó de tajo todo. Hoy tenemos una Guardia Nacional militarizada en lugar de una policía federal, las fuerzas armadas ampliaron aún más su radio de acción, pero todo sigue igual y algunos dicen que peor. Aún así se sigue pensando que la militarización es la solución.

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