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Piales y colas

Los Charros, rumbo al estatal

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El viernes 24 de junio pasado, este comentarista escribió algunas reflexiones sobre la autoridad que cada uno de los equipos tienen, tratando de superar su propio nivel de competencia.

Comenté sobre equipos de muchísima calidad que buscan estar siempre entre los diez mejores de Tabasco. Todos tienen un objetivo: calificar dentro de los primeros cinco, porque esos viajarán a competir al campeonato nacional en la ciudad de Aguascalientes.

Escribí sobre sus virtudes y fortalezas de charros como Rancho “La Mina”; o equipos muy bien plantados en Teapa, como los del “Grupo Zenteno”, los Hermanos Velázquez y los de la “Naolinco”. Pero no hay que olvidar otras asociaciones fuera de Teapa como los de “Reina entre Ases”, comandados por doña Silvia Herrera.

Hay que tomarlos muy en serio a los de la Hacienda San Miguel, desde hace muchos años pupilos de Chucho Lona. Pero hoy me referiré a otros equipos que poco ruido hacen pero a la hora de chorrear la reata, son peligrosísimos como los sombrerudos de Nacajuca, con su líder Carlitos Pérez, o los de San Antonio de Cárdenas, bajo las órdenes del “espueludo” Javier Ramírez.

Oiga, lector (a), ¿no le parece que el apellido Pérez se está multiplicando en la charrería tabasqueña? Ya todos quieren hacer su lienzo y su equipo. Sigo. ¿Y los charros de Cunduacán? Años van y años regresan y ahí están los “botinudos” de Lorenzo Campos.

Y lo mismo digo de los de Comalcalco porque quien fue su comandante en jefe (hasta su sentido fallecimiento), el inolvidable galeno Mario Escalante ¡sigue ahí! Porque su comandante de hoy se llama igual que el primero: doctor Mario Escalante. Hay mucha herencia charra ahí. Y como dijera don teofilito: y la seguirá habiendo.

Y quedan muchísimas fechas para seguir hablando de todas las asociaciones que se preparan para el mejor campeonato estatal de todos los tiempos. Porque su líder absoluto, el Charro mayor, Manuel f. Ordóñez Galán, anda celebrando su ingreso al Salón de la Fama de la charrería nacional…¡No que no mis bigotudos!…

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