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Tabasco

Los Aztlanes, primera víctima del río Grijalva

La corriente del río corre amenazante e inunda a los pobladores de esa ranchería, a la que esperan semanas difíciles debido a que con las tierras inundadas escasean comida y trabajo.

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TABASCO. La corriente del río Grijalva corre amenazante detrás de la casa de Pascual. El agua se filtra ya entre las hileras de costales con arena y unas láminas que colocaron él y sus vecinos como dique para tratar de contener el caudal.

Desde hace días se inundaron los patios y para entrar y salir se tiene que usar cayuco, si no hay que tirarse al agua.

Pascual vive en la ranchería Aztlán, segunda sección del municipio de Centro. Su casa es tipo palafito. Tiene un metro y medio de elevación, pero no todos tienen la misma ventaja y si el río termina por desbordarse, en minutos sus casas se inundarían.

“Lo que nosotros en este momento necesitamos es que nos ayuden con costales con arena para reforzar el bordo. Hemos hecho lo que se ha podido, pero no es suficiente, mire cómo está, por todos lados filtra y puede caerse”, dice Pascual señalando el dique.

Los habitantes de esta sección de los aztlanes, también conocida como El Corcho, recuerdan muy bien lo sucedido en 2020. Imposible olvidarlo, porque mes y medio lo pasaron fuera de casa en un albergue instalado en la ranchería Acachapan y Colmena.

“De aquí salimos con una gran corriente, pues el río pasaba sobre la carretera y corría con fuerza. Realmente fue una inundación grande la que se vivió y para nosotros fue muy dura”, señala.

Entrar y salir de la zona sólo es posible en lanchas y cayucos.

TEMEN INCOMUNICARSE

El tránsito sobre la carretera que comunica a estas localidades ribereñas como la capital del estado no se ha interrumpido hasta ahora, a pesar que el río se encuentra en varios tramos prácticamente al nivel del pavimento.

“Si sigue lloviendo y el río sigue subiendo como ha estado sucediendo, va a empezar a cruzar y aquí nosotros vamos a quedar in comunicados”, señala José Roberto, vecino de Pascual.

Aunque están acostumbrados a enfrentar los periodos de inundaciones, quisieran que no sucedieran, que así como se ha protegido a las zonas urbanas, también se les brindara seguridad a ellos.

Eso piensa Josefa Molina, habitante de la ranchería Aztlán primera sección. Ella vive más alejada del río, a diferencia de Pascual y Roberto, pero también está en riesgo.

“Hace dos años, cuando dijo a subir, el río pasó la carretera y eran grande la corriente, se inundaron todas las casas de aquí, el agua llegó a la ventana”, narra la mujer.

Ella y sus vecinas también están pidiendo el envío de arena y costales para que se les proteja de otra inundación.

“Por estos caminos ahora está entrando mucha maquinaria de Pemex, están entrando por aquí para llegar a los Acachapan, nosotros ya les dijimos que si no hay ayuda, les vamos a cerrar el paso”, lanza amenazante Roberto.

En toda esta zona, los potreros y terrenos de cultivo son enormes lagunas. El ganado que se pudo mover por alguna circunstancia hacia zonas altas, se ha empezado a colocar en corrales improvisados a un lado de la carretera. Ahí se les ha puesto con algunos recipientes para ponerles el alimento.

Pascual nada pudo hacer para evitar que el agua le llegara.

VIENEN TIEMPOS DIFÍCILES

Los habitantes de Aztlán ya saben que vienen semanas difíciles, de escasez de trabajo y de comida, porque con las tierras inundadas no hay donde hacer el jornal. Y lo peor, por motivos que ellos no saben explicar, ya se encuentra pescado como antes. “El mismo topén que sale unos días ha estado bien escaso”, explica Pascual.

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