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El dolor la trajo a Tabasco, migró de Costa Rica para exigir justicia

Hace casi un año Leocadia dejó su casa, vendió todo para juntar el dinero y venirse a México a reclamar justicia.

Hace casi un año Leocadia dejó su casa, vendió todo para juntar el dinero y venirse a México a reclamar justicia.

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TABASCO .- Hace casi un año Leocadia dejó su trabajo, su casa y sus comodidades. Vendió todo lo que pudo: su cámara, su trípode, sus binoculares, todas sus herramientas de trabajo, para juntar el dinero y venirse a vivir a México a reclamar justicia.

Ella no emigró en busca de empleo, porque lo tenía; no se fue por hambre, ni por violencia; tampoco cambió de residencia por placer. Vino a luchar para que la muerte de su hija, víctima de feminicidio, no quedara impune, por ser extranjera.

Originaria de República Dominicana pero radicada en Costa Rica, Leo, como la conocen aquí, recuerda muy bien el día que la desgracia llamó a su puerta.

Corría el año 2014. Su hija había conocido por las redes sociales a un joven de Tabasco, de quien se enamoró. Él viajó tres veces a San José para verla y a la tercera se la trajo a vivir a Villahermosa, aún sin el consentimiento de su madre.

“Yo desde que lo vi, solo con un escaneo me dije: esto no sirve”. Poco tiempo le bastó para comprobar que las madres tienen un sexto sentido.

A los pocos meses su hija se embarazó, dio a luz a un niño y ella se dio cuenta que algo no iba bien cuando Ledimil empezó a pedirle dinero. “Supe que él no trabajaba y ella era quien tenía que salir con los gastos”.

LA ‘DESAPARICIÓN’

En noviembre de 2018, se enteró por un mensaje que Jorge Alberto le envió, que su hija había desaparecido. Un presunto secuestro. Leocadia voló de Costa Rica a México y se puso al frente de las labores de búsqueda.

A los dos meses, después de hacer lo que correspondía a la policía, investigar, la hallaron.

No se encontró su cuerpo, sino restos, enterrados. Ella la reconoció por su ropa y lo comprobó cuando le entregaron las pruebas de ADN.

Con el alma destrozada, “muerta en vida”, como ella misma se describe, siguió de frente, interrogando, presionando, exigiendo sus derechos ante la autoridad tabasqueña. Tras poner en duda la carpeta de investigación y ofrecer pruebas, logró darle la vuelta a la historia. Jorge Alberto fue detenido y vinculado a proceso como probable responsable del feminicidio de Ledimil Liriano. La versión del secuestro no se sostuvo.

 

Leo regresó a Costa Rica, se puso a trabajar doble turno en la agencia turística para la que labora como guía y así poder volver a continuar con su lucha, que para ese momento ya era en dos frentes: en lo penal por el femicidio de Ledimil, y en el ámbito familiar, para lograr la patria potestad de su nieto, quien había quedado bajo el cuidado de la familia de Jorge Alberto.

“Desde junio de 2021 estoy aquí, viviendo sola, sufriendo incomodidades, sin mayor comunicación con mi familia que por teléfono, pero sobre todo padecimiento por el burocratismo, incompetencia y las injusticias que se cometen contra quienes somos víctimas”.

UN JUICIO ETERNO

Ella no entiende por qué las audiencias en el juicio por el feminicidio de su hija se programan cada mes y medio. Van tres años y medio que empezó todo y aún sigue el desahogo de pruebas.

Tampoco comprende por qué razón su nieto, un pequeñito de cuatro años, sigue condenado a vivir con personas que maltrataron a su madre y donde sufrió incluso violencia. “Lo que me dicen es que no lo puedo sacar de México, porque soy extranjera, y me pregunto dónde quedan los derechos del niño, donde quedan mis derechos como víctima”.

Recientemente el juzgado donde se debate la patria potestad, concedió a Leocadia que pueda ver y convivir con su nieto los fines de semana. Ya es un avance, pero ella no está conforme.

“Yo perdí a mi única hija y mi nieto es ahora lo único que me queda de ella, quiero dedicarme a él, llevármelo y cuidarlo; y más que me reparen el daño, esa es una forma que se me haga justicia”.