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La víctima estaba embarazada.

Quintana Roo

Lo contrataron para cortar césped y cegó dos vidas

Ariel «N» apuñaló cruelmente a mujer que tenía siete meses de gestación. Lo delata el GPS. Acusado de doble homicidio.

QUINTANA, ROO.- Cuando Erick salió de su casa para irse al trabajo constató que el jardín seguía todo enmontado; las hierbas asfixiaban las flores que su esposa Reyna había sembrado.

Se subió a la camioneta Urvan, que había dejado sobre la calle Trébol y en la que ruleteaba todo el santo día por las colonias de la ciudad, pero mirando para el parque que quedaba enfrente, a ver si su mirada encontraba a Ariel.

Lo distinguió a lo lejos por el copete anaranjado con el que se había pintado el pelo. Erick lo había contratado justamente para que desmontara el patio, pero no veía que avanzara. Esperó con las manos sobre el volante a que Ariel se acercara.

-¡Ea! —le gritó al distraído muchacho-. ¿Cómo vas con la poda? ¿Se deja?

Ariel se mesó el copete anaranjado y dijo sin mirarlo a los ojos:

-Hoy acabo, jefecito, no se me desespere.

-Está bien –dijo el complacido conductor, quien metió la palanca de velocidad en primera y avanzó por la calle Trébol. Todavía miró por el retrovisor cómo Ariel se metía las manos a los pantalones bombachos y cruzaba la calle para entrar al jardín.

Desde que Erick supo que su esposa, de 27 años de edad, estaba embarazada, el carácter se le había endulzado. Cualquier contratiempo, cualquier desacuerdo, no le agriaban el rostro. Él mismo se sorprendía de ese nuevo cambio que ya duraba los mismos siete meses de embarazo de Reyna.

APUÑALADA CRUELMENTE

La Urvan de Erick entró al fraccionamiento Villas del Mar Plus aproximadamente a las ocho y media de la noche. Al alcanzar la manzana 6, el futuro padre —¡casi a los treinta!— se sintió prácticamente en casa.

Estacionó la unidad y se cercioró de que todas las luces estuvieran apagadas. El parque de enfrente ya estaba en sombras y desierto. Desde la ventanilla miró hacia el jardín y constató que la mala hierba seguía asfixiando las flores.

Cruzó la calle y se olvidó del patio al ver que la puerta de la entrada de su casa estaba abierta y sin las luces encendidas. Miró de reojo las otras casas para confirmar que sí había electricidad. «Se habrá fundido un fusible», razonó aún con el corazón tranquilo.

Nombró a su compañera una, dos, tres veces y sólo escuchó el ruido del silencio, como nunca antes lo había oído. Su corazón empezó a correr inexplicablemente al asomarse a la recámara y al traspatio y no ver a Reyna.

La encontró en la cocina, con la misma ropa con la que la había dejado en la mañana –blusa color guinda y short de mezclilla– , tirada en un charco de sangre

LO DELATA SU GPS

Aunque los paramédicos no tardaron en arribar a la región 250, no pudieron hacer nada. Las múltiples heridas que presentaba su cuerpo con una arma punzocortante en cuello, manos, oreja, espalda y abdomen arrebataron la vida de la que sería madre y del futuro ser que venía en camino.

Ariel «N»

El mismo jueves en la noche que fue interrogado el ahora viudo por agentes de la Fiscalía General del Estado, comentó lo del jardinero como una de las personas que ese día dejó en la casa. Los investigadores localizaron a Ariel a través del GPS de su celular. Cuando catearon el domicilio del muchacho del copete anaranjado, encontraron en sus ropas huellas de sangre. La tarde del viernes fue presentado ante el juez acusado del probable doble crimen.

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