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Lo caza, dispara huye y lo atrapan

Sicario asesina en pleno centro a empleado municipal a cargo de los vales de gasolina de las patrullas.

BENITO JUAREZ, QUINTANA ROO.— El Kevin apenas si medía 1.55 metros de altura, pero era reconocido como un sicario frío y efectivo en el bajo mundo. De modo que nadie osaba burlarse de su estatura, al contrario, siempre era requerido para que los bisnes salieran bien. La tarde del martes, el Kevin anduvo rondando por las calles del centro de Isla Mujeres. Llevaba sudadera negra, un sport blanco y un pantalón beige.

A él le gustaba presumir sus tatuajes, dos en el brazo derecho, uno en el izquierdo a la altura de la muñeca y dos más en el torso, al nivel del pecho y en la ingle. Por el trabajo que iba a ejecutar en unos minutos, era necesario no exhibir lo que con tanto orgullo presumía con sus amigos y compinches. Nada de llamar la atención. Se había puesto sus tenis blancos por si era preciso correr. Exactamente a eso de las cuatro de la tarde vio venir a quien tanto esperaba. Era el «Pocholo», que acababa de salir de su trabajo. Se dedicaba a abastecer la gasolina de las patrullas que pertenecían al municipio, y él mismo laboraba en la Secretaría municipal de Seguridad Pública.

Por instinto, apenas lo vio venir, Kevin se tocó la cintura, a la altura de su sudadera. Su mano palpó el arma calibre .45 milímetros que traía oculta. Había planeado agarrarlo por sorpresa, cuando este pasarapor la avenida Rueda Medina, donde comienza la capitanía de Puerto. Pero el empleado municipal volteó a donde precisamente su perseguidor se ocultaba, y por instinto echó a correr sobre la avenida. El Kevin pensó que la carrera sería después de ejecutarlo, y no antes. Se echó a correr tras él mientras desenfundaba por instinto su arma.

INTENTA PASAR DESAPERCIBIDO

De acuerdo a la primera llamada que recibió el 911, una voz anónima reportó la persecución contra un hombre por otro armado en pleno centro de la isla. De inmediato, agentes de la policía municipal en el área y de la ministerial desplegaron un operativo, que no impidió que el Kevin ejecutara al Pocholo. Corrió tras él y a la altura de la arrendadora Joaquín, el sicario accionó su pistola. Su víctima cayó de bruces en el suelo, mortalmente herido.

El Kevin dio media vuelta y enfiló la huida, quitándose la sudadera y ajustándosela a la altura de la cintura. El criminal calculó que sin esa vestimenta no lo reconocerían las patrullas, de manera que redujo la velocidad y comenzó a caminar como si no acabara de cometer un crimen. Se sintió seguro cuando vio venir una patrulla. A la altura del ferri, unos agentes le marcaron el alto. El preguntó por qué. Los agentes habían recibido una alerta en sus radios, gracias a las cámaras del C-2, que el sicario se había cambiado de ropa.

Todavía el Kevín, se resistió a ser detenido, su pequeño cuerpo forcejeó con los agentes, pero fue inútil. Fue controlado y esposado por los policías municipales. Frente a la arrendadora, el cuerpo del Pocholo dio sus últimos estertores de vida. Nada se pudo hacer para salvarlo. Cuando los peritos del Semefo recogieron el cuerpo del empleado municipal, el sicario era puesto a disposición de la Fiscalía General del Estado para responder por el asesinato que cometió a sangre fría.

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