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El ladrón estaba con el rostro raspado y lleno de sangre.

Chiapas

Lo ataron a un poste, iban a quemarlo

Fue cachado cuando intentaba robar una casa; vecinos le dan escarmiento y lo linchan. Policías lo salvan.

TUXTLA GUTIÉRREZ, Chiapas.- Amarrado a un poste, el hombre de aproximadamente 25 años de edad, se arrepintió de todas sus maldades, no sólo la que había hecho minutos antes de hallarse inmovilizado por los vecinos de la colonia San José Terán, sino por todas las fechorías que su mala cabeza recordaba: la primer mentira dicha a su trabajadora madre, el primer hurto al quedarse con el cambio y excusarse diciendo que se le había caído en el camino, la primera vez que hizo novillos y dejó las clases de álgebra por los tugurios instalados en la feria del pueblo.

Con los ojos bien abiertos, asustados, veía a la multitud arremolinada entorno suyo, lanzando imprecaciones en contra de su persona, maldiciendo su sangre e, incluso, a su propia madre, ella que lejos estaba de consentir el mal camino tomado por él, la oveja negra de la familia.

Dentro de esa masa amorfa pero compacta, de rostros en la semi penumbra por el escaso alumbrado público, salía de continuo un puño bien cerrado, una palma extendida, una bota con casquillo para hundirse en su blanda humanidad. Y pensar que minutos antes, ese gentío enardecido dormía plácidamente en sus camas, ajeno por completo a la vida nocturna que se desliza por las esquinas.

Comprendió que los golpes de la muchedumbre sobre su cuerpo servían como catalizador para reducir la tensión y la espera porque desde que lo habían atrapado en la sala de aquella casa ajena, la madrugada del miércoles 3 de febrero, los minutos volaban sin que apareciera la policía.

NO LLEGA LA POLICÍA

Cada cuarto de hora que pasaba era una montaña rusa de emociones, de los gritos y golpes pasaban a contar entre ellos —como si él no contara o no estuviera presente—la historia ya repetida «n» veces, de cómo uno de los suyos, el vecino que vive pegado a las canchas deportivas había vuelto a su casa y encontrado dentro a aquel intruso.

Como la complexión del vecino, bien alimentado, por cierto, era más ventajosa que la del inexperto ladrón —más flaco y trasijado que un perro callejero—, no le costó trabajo detener al intruso, que inmediatamente arrastró afuera.

Los vecinos de la San José Terán, conectados a través de un grupo de WhatsApp desde que los robos se habían hecho frecuentes en la colonia, no tardaron en salir de sus colchas para juntarse en la esquina enfundados en shorts, pijamas y uno que otro sin camisa, congregados con el único fin de ver capturada a su primera presa.

Al principio, el hombre detenido in fraganti sintió alivio de que la patrulla no apareciera por la calle porque eso significaba que iría derecho al «tambo». Confiaba en que después de la paliza que le dieran, lo desataran y dejaran ir.

DECIDEN TATEMARLO

Pero la cola del diablo metió su cuchara en los planes del caco. Uno de los vecinos, el más enardecido, exhortó a sus colegas a juntar hojas secas y basura de los alrededores, que de eso sobraba mucho a la redonda. Pronto, a los pies del asustado ladrón, colocaron ramas y hojas secas, juntos a papeles enmohecidos.

El hombre capturado comenzó a mirar desesperado hacia ambos lados de la avenida, deseando mejor que aparecieran por ellas las torretas azul y rojo. Fue entonces que se arrepintió de todas sus maldades, y juró a sí mismo que si salía de esta con vida, enmendaría el camino, que nunca es tarde de corregir.

Un vecino muy metido en la faena sacó de su bolsillo un encendedor con la marca de un conocido motel y prendió fuego a las hojas. No tardaron en alzarse las llamas sobre los tenis azules y remendados del amante de lo ajeno, que los levantaba para no ser chamuscado mientras su cuerpo maniatado se replegaba más al poste.

Los buenos vecinos no escatimaron burlas al ver sufrir al ladrón y para mitigar su buena conciencia uno de ellos sentenció: «Una de cal…»

La patrulla no llegó de madrugada sino apenas se emblanqueció la noche. El ladrón estaba con el rostro raspado y lleno de sangre. Sus manos casi destruidas por las pisadas que los vecinos le propinaron. Quietecito, sin decir nada, cabizbajo. Tras desatarlo, lo subieron a la batea y aunque ya no estaba amarrado, el detenido seguía con los brazos plegados a sus costados, cabizbajo, quietecito.

VECINOS SORPRENDEN A LADRON, Y LO ESCARMIENTAN CON FUEGO

La madruga de este miércoles, vecinos de la colonia San José Terán, en Tuxtla Gutiérrez, detuvieron a un presunto ladrón que se encontraba al interior de un domicilio, a quien amarraron en un poste, para después prenderle fuego al rededor con hojas secas a manera de escarmiento, posteriormente fue entregado a las autoridades.

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