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Lejos de la normalidad

Volver a la normalidad es una etapa que se encuentra muy distante de la realidad, por lo menos en Tabasco.

Justo cinco días después de la fecha de máximo contagio, es decir el 8 de mayo, el gobierno federal anunció ayer que por etapas se volverá a la vida cotidiana a través de medidas elaboradas por especialistas.

Existe, por supuesto, incredulidad ciudadana en cuanto al próximo inicio de la vida normal.

En Villahermosa se mal entendió la noticia y la gente empezó a pasearse por algunas zonas como si nada ocurriera en los hospitales. Es un asunto, por supuesto, de comunicación deficiente, un teléfono descompuesto entre autoridades y ciudadanos.

Si bien habrá que ver hacia adelante, tampoco se deben cerrar los ojos ante la realidad. En los hospitales aún se lucha por salvar la vida a cientos de personas y la cifra de muertos continúa en aumento.

Será el edén uno de los últimos estados en empezar la primer etapa de la “nueva normalidad”. Aquí se sigue viviendo el pico de la pandemia por COVID-19. No se ve la luz al final del túnel. No se necesita ser infectólogo o epidemiólogo para entender que el confinamiento no ha funcionado y se requieren otras acciones para frenar la propagación del virus. De la mano hay que invertir recursos públicos a la prevención y mecanismos de control, más allá de la atención en los centros hospitalarios. Pero en época de austeridad, la pichicatería implica no gastar recursos aunque las carrozas anden de festín todos los días.

LA MORRALLA

En el sector salud, funcionarios de primer nivel se esconden bajo el escritorio. La secretaria Silvia Roldán se apoya en boletines de prensa para informar. Olvida las nuevas tecnologías o no le interesa. Igual ocurre con Fernando Mayans, del ISSET, con la delegada del IMSS, Rosa Herlinda Madrigal, con el responsable estatal del ISSSTE que sabrá Dios quién sea y con quien se diga coordinador de los servicios de los hospitales de Pemex en Tabasco. Nadie informa, nadie atiende. Como el Longe Moco, nadie sabe, nadie supo.

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