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Las mentiras de Deer Park 

Con la compra de la refinería de Deer Park, ubicada en Texas, mi paisano presidente López Obrador coloca una vez más a las finanzas nacionales en una tremenda situación de vulnerabilidad y reafirma su nulo compromiso hacia el uso de fuentes más limpias y renovables. Después de tres años, el Gobierno de México sigue invirtiendo en proyectos obsoletos y poco rentables que generan riesgos innecesarios y falsas promesas como la de bajar la gasolina; promesas que no solamente son engaños sistemáticos a los mexicanos, sino que nos encaminan a la destrucción económica y al retroceso. 

Para ponernos en contexto, es importante que analicemos las condiciones en las que se dio esta adquisición. 

Primero, la refinería se compró a un precio aproximado de 600 millones de dólares, lo que no tiene sentido económico, ya que ésta lleva registrando pérdidas durante los dos últimos años y, además, según el propio Director General de PEMEX, ya cuenta con una deuda de más de 980 millones de dólares. Recordemos que PEMEX ya contaba con el 50% de las acciones de Deer Park y que, con esta compra, asumió el control total, pero también asumió la totalidad de sus pasivos; mismos que se suman a la ya existente deuda de PEMEX que supera los ¡100 mil millones de dólares! 

Segundo, la capacidad de producción que se espera de esta obra revela el fracaso de la Refinería de Dos Bocas. Según las estimaciones, tanto Deer Park como Dos Bocas, tendrán la misma capacidad: 340 mil barriles diarios; no obstante, el complejo estadounidense se compró a un precio 85% más barato de lo que se pronostica costará el proyecto de infraestructura aquí en Tabasco; en otras palabras, ¡MORENA ha despilfarrado casi $100 mil millones de pesos en un proyecto sin sentido! 

Tercero, la compra de Deer Park también va en sentido contrario a los compromisos que ha hecho México en materia de transición energética. Shell lo sabía, por eso decidió venderla, como lo están haciendo la mayoría de las petroleras en el mundo, diversificando sus portafolios para evolucionar a un modelo basado en energías renovables. 

En suma, queda claro que la política energética nacional sigue completamente descarrilada. El Gobierno Federal sigue tomando decisiones sin sentido, apostándole al pasado e ignorando el futuro. 

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